30 días perfectos en Irán, parte 4: La hospitalidad iraní

La hospitalidad iraní

Lee las otras partes de este post acá:
Parte 1: La primera parada y mis impresiones sobre el país
Parte 2: La impresionante naturaleza
Parte 3: La perfecta arquitectura

Sanandaj

Tomé un bus nocturno desde Isfahan (aproximadamente 10 horas, 760.000 riales) y me desperté para ver el amanecer sobre las montañas. Las vistas eran impresionantes incluso desde mi ventana. Por supuesto, el asistente del bus me ofreció té y me quedé mirando el paisaje pensando que yo era la persona más afortunada del mundo. Este viaje hasta ahora ha sido increíble, y solo tengo cosas increíbles que esperar. El té caliente con vistas a las cumbres nevadas se sentía simplemente perfecto.

Elegí visitar Kurdistán porque quería conocer gente kurda. Había leído las historias más asombrosas y quería experimentarlas de primera mano. Pero nada podría haberme preparado para lo que viviría durante los próximos días.

En la estación de buses llamé a un Snapp para que me llevara al departamento de mis anfitriones. Escribí mal la dirección, así que no pudimos encontrar el lugar. Le dije al conductor que me dejara ahí, que yo podía caminar y encontrarlo. Al instante me dijo que él era kurdo y que yo era una invitada en su ciudad, por lo que no había manera de que me dejara sola. Llamó a mi anfitrión y me llevó al lugar correcto. Y se negó a aceptar dinero extra. Desde el principio, la gente parecía ser tan agradable como yo esperaba.

Sara estaba en la puerta esperándome cuando llegué. Tomamos un té y fuimos a explorar la capital del Kurdistán Iraní. El bazar es todo un espectáculo, diferente de los de otras partes del país. La ropa tradicional está en todas partes. Con solo mirar a la gente en las calles se puede ver que es una comunidad diferente y orgullosa. Desde telas de colores hasta frutas en escabeche, el bazar es vibrante y está lleno de locales. En serio pensé que yo era la única extranjera allí. También me llevó a comer kalaneh (un panqueque kurdo relleno de hierbas) y a la mansión Asef Vaziri, donde las habitaciones están dedicadas a mostrar la vida y el arte kurdos. Cuando regresamos a su casa, tuvimos un pequeño desfile de modas –me probé sus vestimentas tradicionales kurdas. ¡Y eran hermosas! Su esposo, Mohammad, nos acompañó a almorzar. Antes de decir “hola”, se aseguró de que yo supiera que estaba en mi casa. ¡Qué pareja más hospitalaria! Supe altiro que mi estadía en Sanandaj iba a ser increíble.

Después de una comida casera, pasamos a buscar a Saro, el hermano de Mohammad, y fuimos al monte Abidar, donde la naturaleza es hermosa y las vistas de la ciudad son increíbles. Después de explorar el área por un rato, fuimos a comer y luego tuvimos una noche de juegos. ¿Alguien sabía que podías pasar una noche fabulosa con autitos chocadores y bowling?

Azadi square, Sanandaj, Kurdistan, Iran
La plaza Azari
Kurdish pickled food, Sanandaj, Kurdistan, Iran
Tradicionales frutas y verduras en escabeche
Asef Vaziri mansion, Sanandaj, Kurdistan, Iran
La vida en Kurdistán, una exhibición en la mansión Asef Vaziri
Asef Vaziri mansion, Sanandaj, Kurdistan, Iran
La vida en Kurdistán, una exhibición en la mansión Asef Vaziri

Palangan

Mencioné que quería visitar Palangan, y antes de que pudiera pedirles indicaciones de cómo llegar se ofrecieron a llevarme. Una tarde en un pueblo se convirtió rápidamente en un increíble día con la familia. Mohammad regresó temprano del trabajo y comenzó el viaje. Paramos en Kamyaran para almorzar con su familia. Creo que no pasaron más de 5 segundos antes de que su mamá y papá me dieran la bienvenida a su casa y me dijeran que ahora era su hija. Maman Khadijeh sabía que soy vegetariana, así que ella preparó un festín para mí. Estaba tan abrumada por lo amables que fueron que repetí “deso hoshbe” una y otra vez. Espero que sepan que realmente me sentí profundamente agradecida.

Después de cargar la maleta del auto con lo que parecía ser comida para una semana, y de ser presentada al resto de la familia que también nos acompañaría, nos fuimos a Palangan. El camino es impresionante. Cumbres nevadas mostrándose detrás de las verdes colinas, escondiéndose y reapareciendo en cada curva. Y la compañía era aún mejor. Mamam siguió diciendo “dokhtaram” y “eshgham”, que aprendí significa “mi hija” y “mi amor”. Mi corazón se derritió por esa mujer. Si solo la hubiera conocido a ella en Irán, el viaje hubiera valido la pena. ¡Pero había mucho más! Junto a mí estaba Rooyan, una tímida chica de 13 años que no dijo mucho al principio, pero terminó convirtiéndose en mi hermana chica. Esta hermosa joven es inteligente, conocedora y sueña con ver el mundo. En mis ojos ella representa la bondad de Irán. Fuimos a hacer trekking cuando llegamos a Palangan, así que pasé unas horas caminando junto a ella, aprendiendo sobre sus visiones del mundo y sus sueños.

Palangan fue tan especial. Esta postal habitada es un pueblo escalonado, donde el techo de alguien es el patio de otra persona. Aquí viven menos de mil personas, dispersas a ambos lados de un valle escarpado, con el río Sirwan fluyendo en el medio. Todo el pueblo parece una escalera tallada en la montaña. ¡Qué vista tan impresionante!

Lunch with my Kurdish family, Kamyaran, Kurdistan, Iran
Un maravilloso festín vegetariano en Kamyaran
On the way to Palangan, Kurdistan, Iran
En el camino a Palangan
Palangan, Kurdistan, Iran
Mi mamá kurda y su tierna nieta pequeña
Palangan, Kurdistan, Iran
Mi hermana chica, Rooyan
Palangan, Kurdistan, Iran
Un amigo en el camino
Palangan, Kurdistan, Iran
El escalonado pueblo de Palangan
Palangan, Kurdistan, Iran
El techo de alguien es el patio de otra persona
Palangan, Kurdistan, Iran
Mira el puente xD
Dinner with my Kurdish family, Palangan, Kurdistan, Iran
Luego de hacer trekking toda la tarde, otro festín vegetariano para la cena con toda la familia

Al día siguiente me encontré con Phillip y Vincent, los chicos holandeses con los que viajé hasta que nos separamos en Shiraz. ¡Parecía que no podía deshacerme de ellos! Aunque con toda honestidad, estaba feliz de verlos. Recorrimos Sanandaj por la mañana y fuimos al departamento de su anfitrión para almorzar. Nos despedimos, pensando que era la última vez que nos veríamos durante este viaje (bueno, los vi en Erevan un mes después…). Regresé con mi familia, salimos a cenar y tuvimos otra noche de juegos.

No sé si todas las familias kurdas son similares a la que me adoptó durante mi estadía en el Kurdistán iraní, pero si logras experimentar una fracción de la amabilidad y la dulzura que yo viví, será maravilloso. Nunca me sentí tan bienvenida (y eso es mucho decir, porque me sentí más que bienvenida en todo Irán). Fui un miembro más de la familia desde el principio. Sin esperarlo fui una hija y una hermana en un país que no es el mío, y un trozo de mi corazón siempre se quedará con ellos. Tengo un libro que me regaló Saro y un pequeño libro que Rooyan hizo para mí en un lugar especial en mi casa.

Tabriz

Mi visa estaba a punto de expirar, y todavía tenía que ver la región de Azerbaiyán Oriental, así que me esperaba otro bus (8 horas, 500.000 riales). El camino de Sanandaj a Tabriz es hermoso. Recorre verdes colinas que te hacen pensar que estás en Toscana, excepto que tienes al fondo altas cumbres cubiertas de nieve. Hasta que ya no estén en segundo plano. Manchas de nieve comienzan a rodearte mientras las montañas se acercan más y más. Hasta llegar a la vibrante Tabriz.

La ciudad es mucho más grande de lo que pensé, lo cual tiene sentido porque es el hogar del bazar cubierto más grande del mundo (y uno de los más antiguos). Este sitio es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y es el corazón y el alma de la ciudad, donde terminé pasando la mayor parte de un día. Pero esa visita tenía que esperar. Era tarde y tenía que encontrarme con mi anfitrión.

Después de Kurdistán pensé que nada podía sorprenderme. Pero no había conocido a Masoud todavía. Fue muy amable desde el principio. Se quedó hablando conmigo durante horas, me dio un montón de consejos para que pudiera explorar la ciudad al día siguiente, incluso se fue a dormir donde sus papás para dejarme el departamento para mí sola. ¡Super tierno!

A la mañana siguiente estaba lloviendo a cántaros, pero como tenía tiempo limitado, nada me iba a impedir ver la última ciudad iraní en el itinerario. Empecé la mañana en la mezquita azul, recorrí la plaza Sa’at, visité el muy occidental palacio de la Municipalidad, y vi la puerta de la antigua ciudadela, que aún se mantiene erguida, con algunas paradas entremedio para tomar té y secarme un poco. Con todas las atracciones que Lonely Planet recomendó que viera vistas, me fui al landmark de la ciudad, el Gran Bazar. Me perdí por horas entre especias, ropa, frutas, telas y casi todo lo que puedas imaginar. Conocí a Reza, un profesor de historia jubilado que tuvo la amabilidad de mostrarme un caravaserai que no había podido encontrar. Me mostró dónde comprar té y azafrán. Y me invitó a tomar un té. Poco sabía yo que el lugar al que íbamos era una de las casas de té más tradicionales de la ciudad, donde no se permiten mujeres. Cuando entramos en el lugar, todos los chicos se pararon para saludar a mi nuevo amigo, y el dueño del lugar me recibió con las pocas palabras de inglés que sabía. Tomamos té y fumamos shisha. Me pregunté si estaba bien que yo estuviera allí, porque no habían otras chicas, pero no fue hasta el día siguiente cuando se lo conté a Masoud, que me explicó los detalles del lugar.

Más tarde conocí a Hamed y Atefe, una pareja encantadora y a su pequeña hija. Fuimos a caminar al parque Elgoli y hablamos sobre política y sobre la vida en Irán. Ese mismo día también me quedé hablando de política con mi anfitrión, durante horas y horas. Es asombroso cómo la gente habla abiertamente con una extraña. ¡Eso se llama coraje!

Blue mosque, Tabriz, East Azerbaijan, Iran
La mezquita Kabud, conocida como la mezquita azul por el color de sus mosaicos
Gate of the old city, Tabriz, East Azerbaijan, Iran
Arg Alishsh, la puerta de entrada a la cuidad vieja
Grand Bazaar, Tabriz, East Azerbaijan, Iran
Frutos secos en el bazar (ves, es util aprenderse los números!)
Potatoes and eggs, Tabriz, East Azerbaijan, Iran
Papas y huevos con mantequilla y pan, simple pero rico!
Sugar, Grand Bazaar, Tabriz, East Azerbaijan, Iran
Algunos de los cientos de tipos de azúcar que tiene Irán
The Grand Bazaar, Tabriz, East Azerbaijan, Iran
El Gran Bazar
Tea at the Grand Bazaar, Tabriz, East Azerbaijan, Iran
Con mi amigo Reza en una tradicional casa de té solo para hombres
Elgoli park, Tabriz, East Azerbaijan, Iran
El parque Elgoli

Kandovan

Mi último día en el país llegó mucho más rápido de lo que me hubiera gustado. Después de ayudarme a conseguir un asiento en un bus nocturno a Bakú, Masoud se ofreció a ir conmigo a Kandovan, un pequeño pueblo a una hora al sur de Tabriz. Hablamos, nos reímos y cantamos todo el camino, y me quedó claro que seguiríamos siendo amigos. Desayunamos en un lugar super lindo, con vistas a la maravilla que es Kandovan. Este pueblo tallado en el corazón de las montañas es impresionante, según cualquier estándar. Es una Capadocia habitada, donde las casas no se construyen en la montaña, sino dentro de la montaña. Subimos y bajamos las colinas, entrando en las casas de la gente amable que nos invitó a probar su miel y sus frutas. Y subimos la colina del frente del pueblo para obtener una panorámica. Me saqué el hijab por unos momentos, y con mi pelo al viento, traté de asimilarlo todo. Masoud tomó una de mis fotos favoritas del viaje: sin hijab, tomando una foto de algo impresionante, siendo feliz.

Kandovan, East Azerbaijan, Iran
Kandovan, East Azerbaijan, Iran
Kandovan, East Azerbaijan, Iran
Kandovan, East Azerbaijan, Iran
Kandovan, East Azerbaijan, Iran
Kandovan, East Azerbaijan, Iran
Kandovan, East Azerbaijan, Iran
Kandovan, East Azerbaijan, Iran

En el camino de regreso, nos detuvimos en el parque Elgoli para comer una de las especialidades de la ciudad: papas y huevo, y luego volvimos a su departamento a tomar algo antes de que tuviera que despedirme. Fue el final perfecto para un viaje perfecto.

Salir de Irán fue tan fácil como entrar. Crucé la frontera en Bileh Savar. Tomó un tiempo chequear el pasaporte de cada pasajero y revisar el bus, pero no hubo ningún problema. Completamente diferente a lo que iba a vivir en Azerbaiyán…

¿Merecía un lugar en la lista?

Siento que podría haber escrito un libro con mis experiencias en Irán, pero todo puede resumirse con una simple palabra: ¡anda! Este país se convirtió en uno de mis favoritos en el mundo, y estoy segura de que sentirás lo mismo cuando lo visites.


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La gente iraní

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