Los nuevos locos años veinte: una visión millennial sobre el futuro del turismo

Nos tomó un siglo y muchas crisis llegar a este punto, pero en estos años ‘20 los millennials estamos dando pasos hacia una vida con propósito, centrada en las comunidades y el medio ambiente, viajando lentamente por el mundo para tener una existencia más feliz y entender cómo hacer que el mundo sea mejor en el proceso – Experiencing the Globe

Mi generación es constantemente criticada porque sentimos que tenemos derechos que otros piensan que no nos hemos ganado, pero esa es una interpretación injusta de nuestra visión del mundo. Se nos han negado una y otra vez las oportunidades que nos prometieron, y ahora, mientras nos levantamos de la última crisis, vamos a empezar a vivir nuestras vidas de una manera diferente. El enfoque estará en vivir con propósito, lo que se traducirá en poner énfasis en viajar. Tener experiencias de viaje significativas tendrá prioridad sobre ahorrar para la jubilación y, en el proceso, mostraremos al mundo lo importante que es viajar –de manera sostenible– para comprender y cuidar nuestro planeta. Como la historia es cíclica, la fiesta que se inició hace cien años encontrará una manera más significativa de continuar. Estos locos años veinte van a cambiar por completo el significado de vivir feliz, dándole al futuro del turismo una mirada más esperanzadora.

Crecimos escuchando que podíamos ser cualquier cosa que quisiéramos, que podíamos lograrlo todo, si solo nos enfocábamos en ello. Obtuvimos trofeos de participación y nuestra autoestima colectiva creció más que la de cualquier otra generación. Pero la crisis económica de 2008 nos golpeó. No solo nuestros trabajos de ensueño eran casi imposibles de conseguir, sino que de hecho tuvimos problemas para encontrar cualquier trabajo. Se nos juzgaba por sentir que teníamos derecho a oportunidades que no nos habíamos ganado, pero solo estábamos tratando de sobrevivir. Cuando empezamos a ver la luz al final del túnel, con la economía estabilizándose lentamente, apareció el COVID. Y de nuevo nuestro frágil mundo se destrozó.

Por supuesto que ambas crisis afectaron a todos, pero los millennials son la única generación en la historia que es colectivamente más pobre que nuestros padres.

Échale la culpa al avocado on toast, si necesitas hacerlo, pero creo que estamos cansados de que el mundo nos mastique y nos escupa. Por eso creo que esta década, una vez que aprendamos a convivir con el COVID, va a ser otra prueba de que la historia es cíclica. ¡Bienvenidos a los locos años 20!

La venganza de los millennials a través de los viajes

Mientras que la década de 1920 fue conocida como los Roaring Twenties, Années Folles, o Goldene Zwanziger Jahre (años felices, locos o dorados), con clubes de baile explotando en popularidad, jazz sonando fuerte y alcohol fluyendo abundantemente, la década de 2020 también va a enfocarse en dejar atrás los tiempos difíciles y vivir la vida al máximo. Pero esta vez tendrá menos que ver con beber y bailar, y más que ver con experiencias alrededor del mundo.

Como las penurias de mi generación nos han enseñado que nadie puede garantizar lo que nos deparará el futuro, cuando la elección está entre conseguir un trabajo infra-pagado que apenas nos permite sobrevivir, o trabajar en un hostal o una granja por alojamiento y comidas, la elección es clara, por precaria que pueda sonar.

Ya puedo escuchar las voces de los mayores que yo, preocupándose por la casa propia, la crianza de los hijos y la jubilación. Y, créanme, no es que no queramos preocuparnos por esas cosas, es que hemos aprendido –de la manera más dura– que la vida no puede centrarse en el futuro.  Necesitamos vivir en el presente.

Es por eso que cada vez es más común escuchar historias de nómadas digitales, blogeros, vlogeros, y otros que ‘viven del internet’, personas que dejaron su “9 a 5” con el objetivo de   trabajar para vivir, en lugar de vivir para trabajar.

Tuve mi propia transformación de estudiante y trabajadora sobresaliente a hippie mochileando por el mundo. Soy plenamente consciente de todos los privilegios que conlleva haber tenido la posibilidad de cambiar la forma en que elijo vivir. Pero esto es una especie de arco en la vida de los que dan el salto. Una epifanía colectiva. Una decisión de que cuando seamos viejos no tendremos mucho, pero podremos decir que vivimos una vida feliz y plena, llena de experiencias únicas.

El resultado positivo que trascenderá a los millennials será el impacto en cómo se percibe la vida. De la generación que forjó el ‘me too’ y que ha creado conciencia sobre el cambio climático, nuestra última contribución –antes de que la GenZ tome las riendas– será mostrar al mundo la importancia de viajar para cuidar la tierra y entender a los demás como un reflejo de nosotros mismos.

Hugging trees in the Peneda-Geres National Park, Portugal - Experiencing the Globe
Abrazando árboles alrededor del mundo. Este es en el Parque Nacional Peneda-Gerês, Portugal

La tormenta antes de la calma

En uno de los muchos días que pasé en lo más profundo de mis pensamientos en 2020, cuando las cuarentenas eran tan estrictas que dejar el sofá daba miedo, pensé que una vez que las fronteras comenzaran a abrirse, el turismo nunca volvería a ser igual. Y esa fue una revelación excepcionalmente feliz. Mi lógica era que el turismo fue el culpable de esta pandemia, principalmente porque los humanos hemos estado abusando de él, poniendo nuestros intereses por encima de los del planeta. La perspectiva económica siempre ha sido más fuerte, y fue ella la que llevó a que el virus se propagara en cuestión de semanas a todos los rincones del mundo, cuando podría haberse contenido fácilmente.

Cuando las fronteras se cerraron, hubo un lado positivo. Con la gente en cuarentena, la naturaleza floreció. Los canales venecianos tuvieron agua más limpia, menos barcos en los océanos permitieron que las ballenas solitarias se comunicaran en su nuevo entorno más silencioso, la reducción de la contaminación en India significó que las ciudades que no habían visto los Himalayas en décadas tuvieran una visión clara. Sin duda, el medio ambiente comenzó a prosperar.

Y con eso pensé que esta tragedia nos estaba dando la oportunidad de empezar de nuevo. De darnos cuenta del efecto que nuestras acciones tienen en el medio ambiente. Ahora que lo hemos visto, debemos actuar en consecuencia.

Bueno, en lugar del turismo enfocado en la sostenibilidad que yo había previsto, estamos presenciando más contaminación a través de mascarillas desechables (se cree que 1.5 mil millones de mascarillas ingresaron a los océanos solo en 2020, según un informe de Oceans Asia), más uso de automóviles privados que de transporte público, personas que van al aire libre sin saber los conceptos básicos de cómo comportarse y, lo que es peor, batallas políticas sobre la distribución de las vacunas, dejando al mundo en desarrollo esperando mientras los países occidentales se jactan de lo bien que han servido a sus ciudadanos.

Por un momento todo volvió a parecer sombrío. Pero hay una luz al final del túnel.

Ocean waste pollution due to COVID
«¿Te gustaría nadar con COVID-19 este verano? Pronto podrían haber más mascarillas que medusas en el Mediterráneo» ©CNN
Ocean waste pollution due to COVID
«Te preguntas cómo terminó ahí. ¿Fue arrojado al suelo? ¿O estaba en una bolsa de basura que se abrió?» ©DW

Las oportunidades de la crisis para el futuro del turismo

La UNESCO afirmó que “el impacto del COVID-19 proporciona un momento decisivo para repensar y transformar los modelos turísticos existentes hacia un turismo más resiliente, inclusivo y eficiente en el uso de los recursos”, mientras que la Organización Mundial del Turismo está instando al sector turístico a repensar su modelo de negocio, cambiar a la innovación y la digitalización, y centrarse en la sostenibilidad y en los segmentos orientados a la sostenibilidad.

Están totalmente en lo correcto. La sostenibilidad, tanto respecto al cuidado de la tierra como de todos sus habitantes, es la clave para el futuro del turismo. Aquí es donde la visión de los millennials cosechará sus frutos.

Empezaremos a viajar lentamente, a trabajar en granjas, a hacer turismo rural, a alojarnos con lugareños y a centrarnos en nuestro bienestar. El lema será vivir con propósito. Para sentirse vivo, no solo para sobrevivir. Para entender las formas de vida de los demás e incorporar lo mejor de ellas a nuestras propias vidas. Para aprender a proteger mejor el planeta y toda la vida en él.

Debemos volver a nuestras raíces como humanos, a los tiempos donde respetar la tierra era una necesidad básica. Aprender de aquellos cuya visión del mundo no está contaminada por el capitalismo. Y de cualquier persona cuya cultura o religión sea diferente a la nuestra.

Esperemos que otras generaciones vean que el éxito no debe medirse por nuestras riquezas, sino por el impacto que tenemos en el planeta y en los demás,y lo felices que podemos ser llevando una vida sin fortunas materiales, pero en equilibrio con la madre tierra y con armonía entre los pueblos.

Todos hemos caído, en un momento u otro, en lo que Robert Quillen en 1928 llamó ‘americanismo’: “usar dinero que no has ganado para comprar cosas que no necesitas para impresionar a gente que no te agrada”. Nos llevó un siglo, pero en estos años 20 los millennials estamos dando pasos hacia una vida con propósito, centrada en las comunidades y el medio ambiente, viajando lentamente por el mundo para vivir más felices y entender cómo hacer que el planeta sea mejor en el proceso.

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Por Coni de Experiencing the Globe

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