Los viajes de mi vida: donde he estado en el mundo

Los viajes de mi vida donde he estado en el mundo - Experiencing the Globe

No es ningún secreto que quiero ir a todas partes –es por eso que creé mi bucket list de experiencias de viaje–  pero como creo que lo que importa es el viaje más que el destino (me perdonas el cliché), pensé en compartir donde la vida me ha llevado hasta ahora
Al final de cada año voy a actualizar este post, así podrás ser testigo de cómo mi wanderlust se alimenta, y podrás ser parte de esta aventura llamada Experiencing the Globe : )

En pocas palabras (hasta ahora…)

Experiencias de viaje de mi bucket list: 78/201
Estados reconocidos y observadores de la ONU: 54/195
Estados parcialmente reconocidos: 3/9
Territorios dependientes y regiones de ultramar: 2/48
Travelers’ Century Club (TCC): 65/329
Most Traveled People (MTP): 110/995

Antes de Experiencing the Globe…

Nací y crecí en Santiago de Chile. Durante mi infancia mis papás me llevaron principalmente a los lagos del sur. A medida que pasaban los años, los viajes familiares se expandieron a otras regiones de Chile. Mi primer viaje internacional fue a Bariloche, en nuestra vecina Argentina, después de molestar a mis papás lo suficiente para que me dijeran que sí a salir del país. Años más tarde fue un road trip cruzando los Andes a Mendoza, hacia el este a Buenos Aires y luego al norte hasta las Cataratas del Iguazú en Brasil. También visitamos Paraguay, e hicimos el viaje en bus más largo de mi vida de regreso a Santiago desde Asunción, ¡36 horas! ¡No tengo palabras para expresar lo agradecida que estoy por los increíbles padres que me tocaron, que alimentaron el hambre por viajar que estaba desarrollándose en mí!

Cuando empecé a estudiar derecho los viajes familiares se hicieron escasos, ya que pasé mis veranos haciendo voluntariados y pasantías. Pero hubo dos viajes fantásticos: tres semanas fascinantes en un recorrido arqueológico por el centro y sur de México –desde Ciudad de México a Cancún, pasando por Puebla, Oaxaca, San Cristóbal de las Casas y Mérida–, y un crucero desde Valparaíso a Buenos Aires, deteniéndose en Ushuaia, en las Islas Malvinas/Falkland Islands y Uruguay, y dando la vuelta por el Cabo de Hornos.

Antes de comenzar a viajar internacionalmente por mi cuenta quería ver todas las regiones de Chile. Entremedio hice algunas visitas a Argentina, Uruguay y Perú, y regresé a Brasil para desconectarme en Salvador de Bahía con una amiga de la Universidad. Cuando recorrí todas las regiones de mi país, llegó la hora de explorar el Caribe. Visité Colombia, Panamá, las Islas Caimán, Jamaica y Honduras. Luego volví a México. Visitar diferentes playas del Caribe me abrió los ojos a la sostenibilidad. Siempre me preocupé de proteger el medio ambiente y la vida silvestre, pero ver cómo el dinero del turismo iba principalmente a grandes centros turísticos mientras las comunidades locales estaban sufriendo me hizo ver que había mucho que aprender sobre ser sostenible más allá del cuidado de la naturaleza.

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Después de trabajar durante años como asesora legal en Derechos Humanos me fui a vivir a Londres para hacer un Magíster en Relaciones Internacionales. ¡Mi primera vez viviendo en el extranjero, y mi primera vez en Europa! Rápidamente comencé a disfrutar de las ventajas de las aerolíneas de bajo costo, y a subirme a cada tren que mi tiempo libre me permitía. Exploré varias ciudades alrededor de Inglaterra, Escocia y Gales, hice visitas de fin de semana largo a las capitales de Hungría y Francia con amigos, y me inscribí para un viaje sorpresa (pagué sin saber a dónde sería, el destino se reveló en el aeropuerto –¡super cool!) que me llevó a Gdańsk y Westerplatte en Polonia.

Fisherman's Bastion, Budapest, Hungary - Experiencing the Globe
El Bastión de los Pescadores, Budapest, Hungría

Cuando me quedé sin amigos que quisieran viajar conmigo, me embarqué en mi primer viaje en solitario a Italia durante las vacaciones de fin de año. Pasé 8 días descubriendo los tesoros de Roma y la Ciudad de Vaticano, y me di cuenta de que viajar sola no significaba estar sola, sino que era una excelente manera de hacer nuevos amigos. También aprendí que viajar lento es increíble –no tuve que correr a través de los puntos de interés, realmente pude sumergirme en la cultura y la historia, aprender algunas palabras del idioma local, y entender el lugar mejor. Ese viaje definió la forma en que viajaría a partir de entonces.

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En mis primeras vacaciones de un mes combiné viajes de estudio con tiempo libre y exploré partes de Rusia, Ucrania, Polonia, Suiza, Bélgica y Países Bajos. Desde Moscú fui a Kiev, me aventuré a Chernóbil, visité el Palacio de la Paz de las Naciones Unidas y varias otras sedes de organizaciones internacionales en Ginebra, me detuve en Bruselas y Brujas en el camino a visitar la Corte Internacional de Justicia y otros Tribunales en La Haya, y añadí unos días al final del viaje para ver los campos de tulipanes en Lisse.

En mi segundo break me decidí por Grecia, Turquía y Marruecos (¡mi primer viaje a Africa!). Pasé una semana entre Atenas y Mykonos, luego fui a Estambul donde viví mi primer Ramadán, y finalmente volé a Marrakech, viaje al que incluí unos días de relajo en Esauira.

Después de terminar las clases de Magíster me fui a vivir temporalmente a La Haya para hacer un curso de verano en la Academia de Derecho Internacional. Durante los fines de semana exploré diferentes ciudades y pueblos en Países Bajos, a pesar de que Ámsterdam era mi destino elegido una y otra vez. Luego me fui a vivir a un pequeño pueblo cerca de Barcelona en España, donde pasé la mayor parte de mi tiempo escribiendo mi tesis de grado. Igual durante ese período me arranqué a un corto viaje a la pequeña micronación de Andorra.

Cuando la tesis fue entregada mi vida se transformó en la de una mochilera sin plan y con un presupuesto súper ajustado. Aquí es cuando conocí Couchsurfing. Viajé por el centro de España, donde visité Castrodeza, un pequeño pueblo al lado de Valladolid, el lugar de nacimiento de mis abuelos paternos, y ciudades preciosas como Segovia, Toledo y, por supuesto, Madrid. Luego volé a Croacia para ver Dubrovnik, visité rápidamente Montenegro y regresé a Croacia para recorrer algunas de las islas del Adriático y Split, donde conocí a un hombre que cambiaría mi vida. Luego crucé a Italia. Después de un par de semanas explorando de Nápoles a Milán, crucé las montañas a Francia para pasar mi cumpleaños con mi hermana del alma en los Alpes, en Chamonix. Luego llegó el momento de mi primera visita a Alemania para Oktoberfest en Múnich, con unos días en Suiza en el medio, donde crucé el país en tren, de Ginebra a Zúrich. Esto fue seguido por unos días en la hermosa ciudad de Salzburgo en Austria y un regreso a Italia para pasear por Venecia.

No estaba segura de a dónde ir después, pero ese chico que conocí en Croacia estaba constantemente en mis pensamientos, y después de un mes de hablar todos los días con él decidí que valía la pena ver si podía ir más allá, así que nos encontramos en Liubliana, la capital de Eslovenia, a medio camino entre donde ambos estábamos. Digamos que salió bien. Tan bien, de hecho, que volví a Croacia con él. Después de unas semanas de ver más del país y empezar a enamorarme, decidí que necesitaba volver viajar. Pasé unas semanas alrededor de Bosnia y Herzegovina y Serbia, especialmente en las capitales de Sarajevo y Belgrado, y luego regresé a Croacia. Pasé otro mes con él, cuando oficialmente se convirtió en mi novio, pero todavía tenía los Balcanes del Sur por visitar. Así que partí a Montenegro y pasé un mes visitando los principales lugares de interés de Albania, Kosovo, Macedonia del Norte, Bulgaria y Rumania.

Saint Aleksandar Nevski Cathedral, Sofia, Bulgaria - Experiencing the Globe
Catedral de Alejandro Nevski, Sofía, Bulgaria

Después de volar de vuelta a Londres para mi ceremonia de graduación fui al sur de Francia y al microestado de Mónaco, regresé a España, y luego volé a la capital de Austria, Viena, y recorrí por tierra Bratislava en Eslovaquia, Praga en República Checa, y terminé esta etapa del viaje visitando Dresde y Berlín en Alemania. Praga era la ciudad favorita de mi abuela materna, así que no podía irme de Europa sin verla. A pesar de que fue en pleno invierno y hacía muchísimo frío, no me decepcionó ni un poco. Ahora tengo una deuda conmigo misma para volver cuando el clima sea más agradable para comprobar si es, como ella decía, la ciudad más linda del continente.

Después de muchos muchos meses vagabundeando por el Viejo Continente volví a casa a Chile. Mi novio me fue a visitar varias veces, y exploramos diferentes regiones del país juntos, con montañas y vino como los temas principales a la hora de elegir destinos. Me quedé dos años en mi país, trabajando en una Universidad con chicos que aún extraño. Tuve un mes de vacaciones entremedio, el que usé para regresar a Europa. Volví a Croacia (obviamente), e hicimos un road trip a través de Eslovenia, el norte de Italia y otra micronación, San Marino. Pasé algo de tiempo en Francia antes de mi vuelo de regreso, porque siempre es maravilloso visitar París.

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En 2018 volví a Europa, esta vez a Split, Croacia –¿puedes adivinar por qué? Mi vuelo intercontinental fue a París, así que me quedé por una semana allí, explorando la ciudad más allá de los lugares turísticos. Desde mi nuevo hogar regresé varias veces a nuestros vecinos Bosnia, Montenegro, Eslovenia, Hungría, y crucé el Adriático a Italia. Hacia finales de año nació Experiencing the Globe

Año 2019

Después de dar la bienvenida al año en Split, fui en un viaje a Bosnia y Herzegovina y Montenegro con mi hermana y sobrino que vinieron a vernos. El siguiente viaje fue en febrero para visitar a mi hermana del alma en Chamonix, en los Alpes de Francia, con una escala en dos de las regiones vinícolas de Italia, Véneto y Piamonte, cortesía de mi novio. Luego me embarqué en un viaje en solitario de marzo a mayo a través de Irán (¡mi primera vez en Asia!) y la región del Cáucaso, ¡una de las mejores experiencias de viaje que he tenido!

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Fui de Split a Sarajevo, luego volé a Estambul para tomar un avión a Teherán, la capital de Irán. Después de unos días allí recorrí tanto como pude del país por tierra. Visité Yazd, Kerman (más una noche en el desierto de Lut, y una excursión por el día a Bam, al castillo de Rayen y a Mahan), las islas del Golfo Pérsico de Hormuz y Qeshm, Shiraz (además de una excursión por el día a Persépolis), Isfahán (más de una noche en el desierto de Varzaneh), la capital del Kurdistán Iraní: Sanandaj (además de un viaje por el día a Palangán), y Tabriz (más un viaje por el día a Kandovan). Estuve recorriendo durante un mes (todo lo que mi visa me permitió), pero me hubiese encantado quedarme por más tiempo. Es difícil poner en palabras cuánta belleza hay en el país. Desde la naturaleza a la arquitectura, con la hospitalidad sin paralelos como la guinda de la torta… ¡Que ganas de volver!

El siguiente destino fue el Cáucaso. Crucé la frontera a Azerbaiyán. Visité la capital de Bakú, y los pequeños asentamientos y ciudades de Qobustan, Qabala, Durja, Ismailli, Lahic, Sheki, Kiş y Qakh. Luego fui a Georgia. Pasé unos días en la región vinícola de Kakheti, otro par en la capital, Tbilisi, seguido por algunos viajes por el día a los alrededores, incluyendo una noche en Kazbegi. Luego me fui al oeste, a la región de Svaneti –mi favorita en Georgia– y finalmente al sur, a Borjomi y Vardzia. El siguiente paso fue cruzar a Armenia, donde utilicé la capital, Ereván, como base para visitar el lago Sevan, el templo Garni y los monasterios de Geghard y Khor Virap. Luego me aventuré al Estado no reconocido de Artsakh / Nagorno Karabagh. Visité su capital, Stepanakert, y regresé a Armenia para explorar su esquina sur en Goris, Tatev y Khondzoresk.

Regresé a casa y pronto la dejé atrás para ir a hacer trekking en los Dolomitas italianos con amigos y mi novio en junio. El verano se dividió entre Croacia y los países bálticos. Pasé dos meses visitando Helsinki en Finlandia, San Petersburgo en Rusia, y explorando Estonia, Letonia y Lituania. Desde la capital estonia, Tallin, exploré el Parque Nacional Lahemaa, luego fui a Saaremaa, donde pasé varios días disfrutando de la paz de Kuressare y haciendo turismo por la isla. Me detuve un par de días en Parnu antes de cruzar (la frontera inexistente) a la capital letona de Riga, desde donde visité el Parque Nacional de Guaja, Salaspils, Jurmala, Kolka y Mazirbe. Después fui a la capital lituana, Vilnius, desde donde hice un viaje por el día a Trakai, luego fui a Siauliai para visitar el lugar más extraño del país, la Colina de las Cruces, en mi camino al puerto del mar Báltico de Klaipeda, desde donde seguí hasta Nida en el espigón de Curlandia.

Después de recuperar energía durante unos días entre dunas de arena y bosques, visité mi tercer destino ruso, el oblast de Kaliningrado, un exclave del país en territorio que perteneció a Alemania. Seguí a Polonia, donde tomé un tren nocturno hacia el sur, a Cracovia. Mi corazón se rompió al visitar los Campos de Concentración de Auschwitz-Birkenau, pero sané mi alma entre las montañas del Parque Nacional Tatra. Luego partí a Alemania para visitar amigos en Coburg, y a Países Bajos para encontrar a mi novio y abordar un barco de carga que nos llevó alrededor del Mar del Norte.

La Catedral de Konigsberg en el oblast de Kaliningrad, Russia

Finalmente volvimos a Croacia y pasamos el final del año en Split y sus alrededores, disfrutando de estar en casa, y escribiendo sobre los fantásticos viajes que tuve a lo largo del año : )

Año 2020

Ay 2020, que año más horrible. Por lejos el peor de mi vida.

El año comenzó maravillosamente, reuniéndome con mi sobrina en Zagreb en el día de nochevieja para su primer EuroTrip. Pasamos enero y febrero viajando por Croacia en invierno, visitando los lugares más famosos de Italia (Venecia, Florencia, Pisa, Roma, Nápoles, Pompeya y el Monte Vesubio), algunas de las capitales de Europa Central (Liubliana, Budapest, Bratislava y Viena) y terminando su visita en Atenas, Grecia. Regresé a casa por tierra, parando por unos días en Meteora y volviendo a visitar la capital de Albania, Tirana, llegando justo a tiempo para el cierre de las fronteras.

En marzo se suponía que estaría explorando Sicilia y subiendo el volcán Etna. También tenía planeado un viaje a través de los países -Stan, por la Ruta de la Seda. Supongo que no es necesario decir que todo ello no sucedió. En su lugar, a partir de marzo hice mucho turismo… alrededor de mi departamento, con algunas pequeñas escapadas a las montañas de nuestro alrededor cuando las autoridades permitieron hace viajes nacionales.

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Cuando los casos bajaron a casi cero, revisité Dubrovnik (¡durante el verano y sin multitudes!) y descubrí la increíble isla de Lastovo, que terminé recorriendo un par de veces. Luego saqué a mi novio del sofá y hicimos un par de road trips, primero a Rogoznica, Pag y Nin, y luego al lago Vransko, Zadar y el Parque Nacional Paklenica.

Con el otoño llegó un peak en los casos, lo que significó más encierro. Después de unos meses de hacer nada, decidí terminar el año feliz. Con un PCR en la mano y luego de 3 días, 4 vuelos, y una eternidad transitando en aeropuertos, ¡llegué a Chile! Sorprendí a mi mamá para Navidad y terminé el año con mi hermosa familia <3

Año 2021

Después de pasar las primeras semanas de enero regaloneando con mi mamá, y disfrutando con mi familia en Chile, decidí dejar atrás el miedo paralizador de la pandemia. Escribí un post sobre porqué el travel shaming tiene que parar, y compré un ticket. Escogí un país grande, con mucho para explorar para así evitar cruzar fronteras (lo que se convirtió en la temática del año). Y cumplí un sueño de toda la vida: visitar Egipto.

Aterricé en El Cairo pero inmediatamente tomé un tren hasta el sur del país, a Asuán, desde donde visité varios de los increíbles templos de la región del Alto Egipto. La siguiente parada fue Luxor para visitar el Valle de los Reyes y el Templo de Karnak. Luego fui a Alejandría, en la costa mediterránea, una ciudad que ofrece una extraña pero cautivante mezcla de ruinas del Egipto milenario, Grecia y Roma. La última parada urbana fue en la capital. Ajetreada, ruidosa y caótica, pero llena de tesoros, El Cairo me mostró lentamente su belleza y pude aprender sobre sus contrastes.

Como mis inicialmente planeadas tres semanas se convirtieron en seis, pude escapar del valle del Nilo y aventurarme haca el desierto. La primera parada fue el oasis de Siwa, probablemente el destino menos visitado del país, en la frontera con Libia. Luego fuí hacia la parte central de Egipto, al oasis de Bahariya, para maravillarme con los increíbles Desiertos Blanco y Negro. La última parada fue en la península del Sinaí. Estuve unos días en Sharm el-Sheikh para renovar mi visa, y rápidamente me fui a Dahab, desde donde hice trekking, subí el icónico Monte Sinaí, y tuve mi primer encuentro con el planeta azul, buceando en el Mar Rojo.

White desert, Egypt - Experiencing the Globe
Desierto Blanco, Egipto

Después de un PCR, y de largas 55 horas de vuelos, conecciones y buses, llegué de regreso a Croacia. Pasé un par de meses aprovechando la primavera: haciendo trekking en los alrededores de Split, visitando las islas de Vis, Brač y Čiovo, y vacunándome para poder seguir con los viajes internacionales.

Literalmente el primer día en que los certificados COVID de la Unión Europea comenzaron a funcinar, tomé un vuelo a Portugal, donde pasé tres semanas recorriendo desde la región de Algarve en el sur, al único Parque Nacional, el verde Peneda-Gerês, en el norte. Paré en las hermosas ciudades de Faro, Lagos, Lisboa, Coimbra, Aveiro y Oporto. Probé el vino y la ginja. Escuché Fado. Tomé botes, trenes y tranvías. Hice trekking y viajes por carretera. Me encontré con amigos antiguos e hice nuevos. Y tuve tiempo para obtener la visa para mi próximo destino.

Como África me sigue llamando, compré un ticket a Tanzania. Era una niña pequeña cuando mi mamá me llevó al cine a ver El Rey León, y todo en lo que podía pensar era en cuán maravilloso se veía ese mundo. Disculpa el cliché, pero cualquier persona creciendo durante los 90’s me entenderá. Bueno, desde esa ida al cine es que he estado fantaseando acerca de recorrer la sabana y ver los diversos animales que la habitan. Me imaginaba a mí misma explorando el Serengeti en un 4×4, con medio cuerpo fuera de la ventana, con una cámara en una mano y binoculares en la otra, documentando las maravillas que estaba presenciando. Y lo hice.

Llegué a Dar es Salaam y tomé un bus a Arusha la mañana siguiente. 13 horas yendo desde un paisaje semi-árido, pasando por exhuberate verde, a avistamientos de las montañas en un camino lento y lleno de baches. Llegué a hermosas vistas del monte Meru, y al caos. En un par de días encontré un safari que me llevó a Serengueti y Ngorongoro, dos de los lugares más increíbles en el planeta para ver vida salvaje. Manejar entre cebras, leones, ñues, leopardos, jirafas, gacelas, guepardos y elefantes, solo por numbrar algunos, fue un sueño hecho realidad. Lo que no sabía es que la experiencia más linda y enriquecedora estaba aún por venir. Cuando regresé a Arusha me ofrecí para ayudar con las renovaciones de una escuelita en los suburbios de la ciudad. Sentí que fue solo un granito de arena en la inmensidad que necesita ayuda, pero me permitió ver el otro lado de Tanzania, lejos de los lujosos lugares turísticos que los blogeros e influencers suelen mostrar.

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Luego fui a Moshi para ver el otro imperdible del norte de Tanzania: Kilimanjaro. Me puso un poco triste no poder costear el alto precio de subir la montaña, pero después de ir por el día al campamento base y ver como los porteadores tienen exceso de trabajo y están pésimamente mal pagados, me alegró no haber subido. No habría habido satisfacción en hacer cumbre ya que el trabajo no habría sido realmente mío. Así que me conformé con unos fríos días acampando cerca de un pequeño pueblo al pie de la montaña y explorando los alrededores, incluido un día con un agricultor local que me mostró el ciclo del café, de la plantación a la taza.

Aunque durante mis días acampando no vi a ningún otro turista, sentí que había tenido suficiente de lugares turísticos. Era el momento de comenzar a recorrer destinos fuera de lo común. Fui de Lushoto a Mambo en las Usambaras occidentales, y luego crucé las montañas para visitar el bosque de Magoroto en las Usambaras orientales. El viaje continuó hacia los grandes lagos. Hice dos locos viajes en tren cruzando el país (a Mbeya y desde Kigoma) para visitar el lago Nyasa (que tal vez conozcas como lago Malaui, el tercero más grande en África) y el lago Tanganica (el segundo más grande). La siguiente parada fue el Parque Nacional Gombe. Probablemente hayas oído sobre Jane Goodall y su trabajo con los chimpancés. Bueno, ese era su hogar. ¡Pude subir las montañas del parque y ver a los chimpancés de cerca!

La aventura continuó con una de las experiencias más increíbles de mi vida: vivir con los Masáis en la sabana en el medio de la nada, en Tanzania central. Después me tomé unas pequñas ‘vacaciones’ y fui a Zanzíbar. Pasé varios días en Stone Town, y un par más en la playa, en Paje y Nungwi. Fue una linda manera de despedirme de Tanzania luego de 9 semanas alrededor del país.

Porque la pandemia ha hecho de viajar un rompecabezas de países rojos y verdes, volé a Rumania y crucé por tierra al único país del sudeste europeo que no había visitado aún: Moldavia. Antes de comenzar a explorarlo, me embarqué en un viaje en el tiempo, a un ‘país’ que no existe: Pridnestrovie. Tal vez, solo tal vez, hayas oído hablar de él como Transnistria. Utilicé la capital, Tiraspol, como base para visitar otros pequeños pueblos: Bendery, Cioburciu, Chitcani y Sucleia. Estuve por alrededor de una semana conociendo gente e intentando entender lo que es vivir en un lugar donde los símbolos de la Unión Soviética aún adornan la bandera y escudo, y donde las estatuas de Lenin son omnipresentes.

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Después de explorar esta gema geopolítica europea, volví a Chisináu para recorrer la cuidad, y me auto-regaloneé con una tarde de degustación de vinos en la que me dijeron es la viña más hermosa del mundo: Cricova, una verdadera ciudad/bodega subterránea. Luego partí al sur para visitar otra maravilla geopolítica, la región autónoma de Gagauzia y su capital Comrat, y posteriormente fui al otro lado del pequeño país, a la norteña ciudad de Soroca (conocida como la “capital Romaní de Moldavia”). El último destino de las tres semanas que estuve en el país fue Orheiul Vechi, un monasterio de cuevas en el corazón de un parque nacional, con una parada en la viña Brănești, para hacer un último brindis por otro viaje increíble.

Tiraspol, Transnistria - Experiencing the Globe
Tiraspol, Transnistria / Pridnestrovie

La última parada del año fue Reino Unido. Pasé unos lindos días en los Cotswolds visitando a mi hermana del alma, y luego partí a Londres a la ceremonia de los Traverse Creator Awards, ya que había sido nominada entre otros increíbles escritores, fotógrafos y videógrafos en la categoría mejor artículo de opinión. No gané, pero disfruté muchísimo finalmente conocer en persona a tantos otros blogeros. Aún estoy super orgullosa de haber sido nominada. ¡E intentaré llevarme un trofeo a casa el año que viene!

Volví a Croacia para finalizar el año con mi novio (a quien a penas ví durante el 2021), para descansar después de un año lleno de viajes, y para ponerme al día escribiendo : )

→ Este es un viaje en desarrollo, así que seguiré sumando a este post al final de cada año. Asegúrate de volver para ver las actualizaciones  :  )

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Por Coni de Experiencing the Globe

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