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No es ningún secreto que quiero ir a todas partes –es por eso que creé mi bucket list de experiencias de viaje– pero como creo que lo que importa es el viaje más que el destino (me perdonas el cliché), pensé en compartir donde la vida me ha llevado hasta ahora…
Al final de cada año voy a actualizar este post, así podrás ser testigo de cómo mi wanderlust se alimenta, y podrás ser parte de esta aventura llamada Experiencing the Globe : )
En pocas palabras (hasta ahora…)
–claramente los números no son lo importante, pero soy una nerd : )
Experiencias de viaje de mi bucket list: 85/201
Estados reconocidos y observadores de la ONU: 60/195
Estados parcialmente reconocidos: 2/8
Territorios dependientes y regiones de ultramar: 2/48
Travelers’ Century Club (TCC): 72/330
Most Traveled People (MTP): 182/1500
Antes de Experiencing the Globe…
Nací y crecí en Santiago de Chile. Durante mi infancia mis papás me llevaron principalmente a los lagos del sur. A medida que pasaban los años, los viajes familiares se expandieron a otras regiones de Chile. Mi primer viaje internacional fue a Bariloche, en nuestra vecina Argentina, después de molestar a mis papás lo suficiente para que me dijeran que sí a salir del país. Años más tarde fue un road trip cruzando los Andes a Mendoza, hacia el este a Buenos Aires y luego al norte hasta las Cataratas del Iguazú en Brasil. También visitamos Paraguay, e hicimos el viaje en bus más largo de mi vida de regreso a Santiago desde Asunción, ¡36 horas! ¡No tengo palabras para expresar lo agradecida que estoy por los increíbles padres que me tocaron, que alimentaron el hambre por viajar que estaba desarrollándose en mí!
Cuando empecé a estudiar derecho los viajes familiares se hicieron escasos, ya que pasé mis veranos haciendo voluntariados y pasantías. Pero hubo dos viajes fantásticos: tres semanas fascinantes en un recorrido arqueológico por el centro y sur de México –desde Ciudad de México a Cancún, pasando por Puebla, Oaxaca, San Cristóbal de las Casas y Mérida–, y un crucero desde Valparaíso a Buenos Aires, deteniéndose en Ushuaia, en las Islas Malvinas/Falkland Islands y Uruguay, y dando la vuelta por el Cabo de Hornos.
Antes de comenzar a viajar internacionalmente por mi cuenta quería ver todas las regiones de Chile. Entremedio hice algunas visitas a Argentina, Uruguay y Perú, y regresé a Brasil para desconectarme en Salvador de Bahía con una amiga de la Universidad. Cuando recorrí todas las regiones de mi país, llegó la hora de explorar el Caribe. Visité Colombia, Panamá, las Islas Caimán, Jamaica y Honduras. Luego volví a México. Visitar diferentes playas del Caribe me abrió los ojos a la sostenibilidad. Siempre me preocupé de proteger el medio ambiente y la vida silvestre, pero ver cómo el dinero del turismo iba principalmente a grandes centros turísticos mientras las comunidades locales estaban sufriendo me hizo ver que había mucho que aprender sobre ser sostenible más allá del cuidado de la naturaleza.
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Después de trabajar durante años como asesora legal en Derechos Humanos me fui a vivir a Londres para hacer un Magíster en Relaciones Internacionales. ¡Mi primera vez viviendo en el extranjero, y mi primera vez en Europa! Rápidamente comencé a disfrutar de las ventajas de las aerolíneas de bajo costo, y a subirme a cada tren que mi tiempo libre me permitía. Exploré varias ciudades alrededor de Inglaterra, Escocia y Gales, hice visitas de fin de semana largo a las capitales de Hungría y Francia con amigos, y me inscribí para un viaje sorpresa (pagué sin saber a dónde sería, el destino se reveló en el aeropuerto –¡super cool!) que me llevó a Gdańsk y Westerplatte en Polonia.

Cuando me quedé sin amigos que quisieran viajar conmigo, me embarqué en mi primer viaje en solitario a Italia durante las vacaciones de fin de año. Pasé 8 días descubriendo los tesoros de Roma y la Ciudad de Vaticano, y me di cuenta de que viajar sola no significaba estar sola, sino que era una excelente manera de hacer nuevos amigos. También aprendí que viajar lento es increíble –no tuve que correr a través de los puntos de interés, realmente pude sumergirme en la cultura y la historia, aprender algunas palabras del idioma local, y entender el lugar mejor. Ese viaje definió la forma en que viajaría a partir de entonces.
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En mis primeras vacaciones de un mes combiné viajes de estudio con tiempo libre y exploré partes de Rusia, Ucrania, Polonia, Suiza, Bélgica y Países Bajos. Desde Moscú fui a Kiev, me aventuré a Chernóbil, visité el Palacio de la Paz de las Naciones Unidas y varias otras sedes de organizaciones internacionales en Ginebra, me detuve en Bruselas y Brujas en el camino a visitar la Corte Internacional de Justicia y otros Tribunales en La Haya, y añadí unos días al final del viaje para ver los campos de tulipanes en Lisse.
En mi segundo break me decidí por Grecia, Turquía y Marruecos (¡mi primer viaje a Africa!). Pasé una semana entre Atenas y Mykonos, luego fui a Estambul donde viví mi primer Ramadán, y finalmente volé a Marrakech, viaje al que incluí unos días de relajo en Esauira.
Después de terminar las clases de Magíster me fui a vivir temporalmente a La Haya para hacer un curso de verano en la Academia de Derecho Internacional. Durante los fines de semana exploré diferentes ciudades y pueblos en Países Bajos, a pesar de que Ámsterdam era mi destino elegido una y otra vez. Luego me fui a vivir a un pequeño pueblo cerca de Barcelona en España, donde pasé la mayor parte de mi tiempo escribiendo mi tesis de grado. Igual durante ese período me arranqué a un corto viaje a la pequeña micronación de Andorra.
Cuando la tesis fue entregada mi vida se transformó en la de una mochilera sin plan y con un presupuesto súper ajustado. Aquí es cuando conocí Couchsurfing. Viajé por el centro de España, donde visité Castrodeza, un pequeño pueblo al lado de Valladolid, el lugar de nacimiento de mis abuelos paternos, y ciudades preciosas como Segovia, Toledo y, por supuesto, Madrid. Luego volé a Croacia para ver Dubrovnik, visité rápidamente Montenegro y regresé a Croacia para recorrer algunas de las islas del Adriático y Split, donde conocí a un hombre que cambiaría mi vida. Luego crucé a Italia. Después de un par de semanas explorando de Nápoles a Milán, crucé las montañas a Francia para pasar mi cumpleaños con mi hermana del alma en los Alpes, en Chamonix. Luego llegó el momento de mi primera visita a Alemania para Oktoberfest en Múnich, con unos días en Suiza en el medio, donde crucé el país en tren, de Ginebra a Zúrich. Esto fue seguido por unos días en la hermosa ciudad de Salzburgo en Austria y un regreso a Italia para pasear por Venecia.
No estaba segura de a dónde ir después, pero ese chico que conocí en Croacia estaba constantemente en mis pensamientos, y después de un mes de hablar todos los días con él decidí que valía la pena ver si podía ir más allá, así que nos encontramos en Liubliana, la capital de Eslovenia, a medio camino entre donde ambos estábamos. Digamos que salió bien. Tan bien, de hecho, que volví a Croacia con él. Después de unas semanas de ver más del país y empezar a enamorarme, decidí que necesitaba volver viajar. Pasé unas semanas alrededor de Bosnia y Herzegovina y Serbia, especialmente en las capitales de Sarajevo y Belgrado, y luego regresé a Croacia. Pasé otro mes con él, cuando oficialmente se convirtió en mi novio, pero todavía tenía los Balcanes del Sur por visitar. Así que partí a Montenegro y pasé un mes visitando los principales lugares de interés de Albania, Kosovo, Macedonia del Norte, Bulgaria y Rumania.

Después de volar de vuelta a Londres para mi ceremonia de graduación fui al sur de Francia y al microestado de Mónaco, regresé a España, y luego volé a la capital de Austria, Viena, y recorrí por tierra Bratislava en Eslovaquia, Praga en República Checa, y terminé esta etapa del viaje visitando Dresde y Berlín en Alemania. Praga era la ciudad favorita de mi abuela materna, así que no podía irme de Europa sin verla. A pesar de que fue en pleno invierno y hacía muchísimo frío, no me decepcionó ni un poco. Ahora tengo una deuda conmigo misma para volver cuando el clima sea más agradable para comprobar si es, como ella decía, la ciudad más linda del continente.
Después de muchos muchos meses vagabundeando por el Viejo Continente volví a casa a Chile. Mi pareja me fue a visitar varias veces, y exploramos diferentes regiones del país juntos, con montañas y vino como los temas principales a la hora de elegir destinos. Me quedé dos años en mi país, trabajando en una Universidad con chicos que aún extraño. Tuve un mes de vacaciones entremedio, el que usé para regresar a Europa. Volví a Croacia (obviamente), e hicimos un road trip a través de Eslovenia, el norte de Italia y otra micronación, San Marino. Pasé algo de tiempo en Francia antes de mi vuelo de regreso, porque siempre es maravilloso visitar París.
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En 2018 volví a Europa, esta vez a Split, Croacia –¿puedes adivinar por qué? Mi vuelo intercontinental fue a París, así que me quedé por una semana allí, explorando la ciudad más allá de los lugares turísticos. Desde mi nuevo hogar regresé varias veces a nuestros vecinos Bosnia, Montenegro, Eslovenia, Hungría, y crucé el Adriático a Italia. Hacia finales de año nació Experiencing the Globe…
Año 2019
Después de dar la bienvenida al año en Split, fui en un viaje a Bosnia y Herzegovina y Montenegro con mi hermana y sobrino que vinieron a vernos. El siguiente viaje fue en febrero para visitar a mi hermana del alma en Chamonix, en los Alpes de Francia, con una escala en dos de las regiones vinícolas de Italia, Véneto y Piamonte, cortesía de mi pareja. Luego me embarqué en un viaje en solitario de marzo a mayo a través de Irán (¡mi primera vez en Asia!) y la región del Cáucaso, ¡una de las mejores experiencias de viaje que he tenido!
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Fui de Split a Sarajevo, luego volé a Estambul para tomar un avión a Teherán, la capital de Irán. Después de unos días allí recorrí tanto como pude del país por tierra. Visité Yazd, Kerman (más una noche en el desierto de Lut, y una excursión por el día a Bam, al castillo de Rayen y a Mahan), las islas del Golfo Pérsico de Hormuz y Qeshm, Shiraz (además de una excursión por el día a Persépolis), Isfahán (más de una noche en el desierto de Varzaneh), la capital del Kurdistán Iraní: Sanandaj (además de un viaje por el día a Palangán), y Tabriz (más un viaje por el día a Kandovan). Estuve recorriendo durante un mes (todo lo que mi visa me permitió), pero me hubiese encantado quedarme por más tiempo. Es difícil poner en palabras cuánta belleza hay en el país. Desde la naturaleza a la arquitectura, con la hospitalidad sin paralelos como la guinda de la torta… ¡Que ganas de volver!
El siguiente destino fue el Cáucaso. Crucé la frontera a Azerbaiyán. Visité la capital de Bakú, y los pequeños asentamientos y ciudades de Qobustan, Qabala, Durja, Ismailli, Lahic, Sheki, Kiş y Qakh. Luego fui a Georgia. Pasé unos días en la región vinícola de Kakheti, otro par en la capital, Tbilisi, seguido por algunos viajes por el día a los alrededores, incluyendo una noche en Kazbegi. Luego me fui al oeste, a la región de Svaneti –mi favorita en Georgia– y finalmente al sur, a Borjomi y Vardzia. El siguiente paso fue cruzar a Armenia, donde utilicé la capital, Ereván, como base para visitar el lago Sevan, el templo Garni y los monasterios de Geghard y Khor Virap. Luego me aventuré al Estado no reconocido de Artsakh / Nagorno Karabagh. Visité su capital, Stepanakert, y regresé a Armenia para explorar su esquina sur en Goris, Tatev y Khondzoresk.
Regresé a casa y pronto la dejé atrás para ir a hacer trekking en los Dolomitas italianos con amigos y mi pareja en junio. El verano se dividió entre Croacia y los países bálticos. Pasé dos meses visitando Helsinki en Finlandia, San Petersburgo en Rusia, y explorando Estonia, Letonia y Lituania. Desde la capital estonia, Tallin, exploré el Parque Nacional Lahemaa, luego fui a Saaremaa, donde pasé varios días disfrutando de la paz de Kuressare y haciendo turismo por la isla. Me detuve un par de días en Parnu antes de cruzar (la frontera inexistente) a la capital letona de Riga, desde donde visité el Parque Nacional de Guaja, Salaspils, Jurmala, Kolka y Mazirbe. Después fui a la capital lituana, Vilnius, desde donde hice un viaje por el día a Trakai, luego fui a Siauliai para visitar el lugar más extraño del país, la Colina de las Cruces, en mi camino al puerto del mar Báltico de Klaipeda, desde donde seguí hasta Nida en el espigón de Curlandia.
Después de recuperar energía durante unos días entre dunas de arena y bosques, visité mi tercer destino ruso, el oblast de Kaliningrado, un exclave del país en territorio que perteneció a Alemania. Seguí a Polonia, donde tomé un tren nocturno hacia el sur, a Cracovia. Mi corazón se rompió al visitar los Campos de Concentración de Auschwitz-Birkenau, pero sané mi alma entre las montañas del Parque Nacional Tatra. Luego partí a Alemania para visitar amigos en Coburg, y a Países Bajos para encontrar a mi pareja y abordar un barco de carga que nos llevó alrededor del Mar del Norte.

Finalmente volvimos a Croacia y pasamos el final del año en Split y sus alrededores, disfrutando de estar en casa, y escribiendo sobre los fantásticos viajes que tuve a lo largo del año : )
Año 2020
El año comenzó maravillosamente, reuniéndome con mi sobrina en Zagreb en el día de nochevieja para su primer EuroTrip. Pasamos enero y febrero viajando por Croacia en invierno, visitando los lugares más famosos de Italia (Venecia, Florencia, Pisa, Roma, Nápoles, Pompeya y el Monte Vesubio), algunas de las capitales de Europa Central (Liubliana, Budapest, Bratislava y Viena) y terminando su visita en Atenas, Grecia. Regresé a casa por tierra, parando por unos días en Meteora y volviendo a visitar la capital de Albania, Tirana, llegando justo a tiempo para el cierre de las fronteras.
En marzo se suponía que estaría explorando Sicilia y subiendo el volcán Etna. También tenía planeado un viaje a través de los países -Stan, por la Ruta de la Seda. Supongo que no es necesario decir que todo ello no sucedió. En su lugar, a partir de marzo hice mucho turismo… alrededor de mi departamento, con algunas pequeñas escapadas a las montañas de nuestro alrededor cuando las autoridades permitieron hace viajes nacionales.
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Cuando los casos bajaron a casi cero, revisité Dubrovnik (¡durante el verano y sin multitudes!) y descubrí la increíble isla de Lastovo, que terminé recorriendo un par de veces. Luego saqué a mi pareja del sofá y hicimos un par de road trips, primero a Rogoznica, Pag y Nin, y luego al lago Vransko, Zadar y el Parque Nacional Paklenica.
Con el otoño llegó un peak en los casos, lo que significó más encierro. Después de unos meses de hacer nada, decidí terminar el año feliz. Con un PCR en la mano y luego de 3 días, 4 vuelos, y una eternidad transitando en aeropuertos, ¡llegué a Chile! Sorprendí a mi mamá para Navidad y terminé el año con mi hermosa familia <3
Año 2021
Después de pasar las primeras semanas de enero regaloneando con mi mamá, y disfrutando con mi familia en Chile, decidí dejar atrás el miedo paralizador de la pandemia. Escribí un post sobre porqué el travel shaming tiene que parar, y compré un ticket. Escogí un país grande, con mucho para explorar para así evitar cruzar fronteras (lo que se convirtió en la temática del año). Y cumplí un sueño de toda la vida: visitar Egipto.
Aterricé en El Cairo pero inmediatamente tomé un tren hasta el sur del país, a Asuán, desde donde visité varios de los increíbles templos de la región del Alto Egipto. La siguiente parada fue Luxor para visitar el Valle de los Reyes y el Templo de Karnak. Luego fui a Alejandría, en la costa mediterránea, una ciudad que ofrece una extraña pero cautivante mezcla de ruinas del Egipto milenario, Grecia y Roma. La última parada urbana fue en la capital. Ajetreada, ruidosa y caótica, pero llena de tesoros, El Cairo me mostró lentamente su belleza y pude aprender sobre sus contrastes.
Como mis inicialmente planeadas tres semanas se convirtieron en seis, pude escapar del valle del Nilo y aventurarme haca el desierto. La primera parada fue el oasis de Siwa, probablemente el destino menos visitado del país, en la frontera con Libia. Luego fuí hacia la parte central de Egipto, al oasis de Bahariya, para maravillarme con los increíbles Desiertos Blanco y Negro. La última parada fue en la península del Sinaí. Estuve unos días en Sharm el-Sheikh para renovar mi visa, y rápidamente me fui a Dahab, desde donde hice trekking, subí el icónico Monte Sinaí, y tuve mi primer encuentro con el planeta azul, buceando en el Mar Rojo.

Después de un PCR, y de largas 55 horas de vuelos, conexiones y buses, llegué de regreso a Croacia. Pasé un par de meses aprovechando la primavera: haciendo trekking en los alrededores de Split, visitando las islas de Vis, Brač y Čiovo, y vacunándome para poder seguir con los viajes internacionales.
Literalmente el primer día en que los certificados COVID de la Unión Europea comenzaron a funcinar, tomé un vuelo a Portugal, donde pasé tres semanas recorriendo desde la región de Algarve en el sur, al único Parque Nacional, el verde Peneda-Gerês, en el norte. Paré en las hermosas ciudades de Faro, Lagos, Lisboa, Coimbra, Aveiro y Oporto. Probé el vino y la ginja. Escuché Fado. Tomé botes, trenes y tranvías. Hice trekking y viajes por carretera. Me encontré con amigos antiguos e hice nuevos. Y tuve tiempo para obtener la visa para mi próximo destino.
Como África me sigue llamando, compré un ticket a Tanzania. Era una niña pequeña cuando mi mamá me llevó al cine a ver El Rey León, y todo en lo que podía pensar era en cuán maravilloso se veía ese mundo. Disculpa el cliché, pero cualquier persona creciendo durante los 90’s me entenderá. Bueno, desde esa ida al cine es que he estado fantaseando acerca de recorrer la sabana y ver los diversos animales que la habitan. Me imaginaba a mí misma explorando el Serengeti en un 4×4, con medio cuerpo fuera de la ventana, con una cámara en una mano y binoculares en la otra, documentando las maravillas que estaba presenciando. Y lo hice.
Llegué a Dar es Salaam y tomé un bus a Arusha la mañana siguiente. 13 horas yendo desde un paisaje semi-árido, pasando por exuberante verde, a avistamientos de las montañas en un camino lento y lleno de baches. Llegué a hermosas vistas del monte Meru, y al caos. En un par de días encontré un safari que me llevó a Serengueti y Ngorongoro, dos de los lugares más increíbles en el planeta para ver vida salvaje. Manejar entre cebras, leones, ñues, leopardos, jirafas, gacelas, guepardos y elefantes, solo por nombrar algunos, fue un sueño hecho realidad. Lo que no sabía es que la experiencia más linda y enriquecedora estaba aún por venir. Cuando regresé a Arusha me ofrecí para ayudar con las renovaciones de una escuelita en los suburbios de la ciudad. Sentí que fue solo un granito de arena en la inmensidad que necesita ayuda, pero me permitió ver el otro lado de Tanzania, lejos de los lujosos lugares turísticos que los bloggers e influencers suelen mostrar.
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Luego fui a Moshi para ver el otro imperdible del norte de Tanzania: Kilimanjaro. Me puso un poco triste no poder costear el alto precio de subir la montaña, pero después de ir por el día al campamento base y ver como los porteadores tienen exceso de trabajo y están pésimamente mal pagados, me alegró no haber subido. No habría habido satisfacción en hacer cumbre ya que el trabajo no habría sido realmente mío. Así que me conformé con unos fríos días acampando cerca de un pequeño pueblo al pie de la montaña y explorando los alrededores, incluido un día con un agricultor local que me mostró el ciclo del café, de la plantación a la taza.
Aunque durante mis días acampando no vi a ningún otro turista, sentí que había tenido suficiente de lugares turísticos. Era el momento de comenzar a recorrer los destinos desconocidos de Tanzania. Fui de Lushoto a Mambo en las Usambaras occidentales, y luego crucé las montañas para visitar el bosque de Magoroto en las Usambaras orientales. El viaje continuó hacia los grandes lagos. Hice dos locos viajes en tren cruzando el país (a Mbeya y desde Kigoma) para visitar el lago Nyasa (que tal vez conozcas como lago Malaui, el tercero más grande en África) y el lago Tanganica (el segundo más grande). La siguiente parada fue el Parque Nacional Gombe. Probablemente hayas oído sobre Jane Goodall y su trabajo con los chimpancés. Bueno, ese era su hogar. ¡Pude subir las montañas del parque y ver a los chimpancés de cerca!
La aventura continuó con una de las experiencias más increíbles de mi vida: vivir con los Masáis en la sabana en el medio de la nada, en Tanzania central. Después me tomé unas pequeñas ‘vacaciones’ y fui a Zanzíbar. Pasé varios días en Stone Town, y un par más en la playa y buceando, en Paje y Nungwi. Fue una linda manera de despedirme de Tanzania luego de 9 semanas alrededor del país.
Porque la pandemia hizo de viajar un rompecabezas de países rojos y verdes, volé a Rumania y crucé por tierra al único país del sudeste europeo que no había visitado aún: Moldavia. Antes de comenzar a explorarlo, me embarqué en un viaje en el tiempo, a un ‘país’ que no existe: Pridnestrovie. Tal vez, solo tal vez, hayas oído hablar de él como Transnistria. Utilicé la capital, Tiraspol, como base para visitar otros pequeños pueblos: Bendery, Cioburciu, Chitcani y Sucleia. Estuve por alrededor de una semana conociendo gente e intentando entender lo que es vivir en un lugar donde los símbolos de la Unión Soviética aún adornan la bandera y escudo, y donde las estatuas de Lenin son omnipresentes.
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Después de explorar esta gema geopolítica europea, volví a Chisináu para recorrer la cuidad, y me auto-regaloneé con una tarde de degustación de vinos en la que me dijeron es la viña más hermosa del mundo: Cricova, una verdadera ciudad/bodega subterránea. Luego partí al sur para visitar otra maravilla geopolítica, la región autónoma de Gagauzia y su capital Comrat, y posteriormente fui al otro lado del pequeño país, a la norteña ciudad de Soroca (conocida como la “capital Romaní de Moldavia”). El último destino de las tres semanas que estuve en el país fue Orheiul Vechi, un monasterio de cuevas en el corazón de un parque nacional, con una parada en la viña Brănești, para hacer un último brindis por otro viaje increíble.

La última parada del año fue Reino Unido. Pasé unos lindos días en los Cotswolds visitando a mi hermana del alma, y luego partí a Londres a la ceremonia de los Traverse Creator Awards, ya que había sido nominada entre otros increíbles escritores, fotógrafos y videógrafos en la categoría mejor artículo de opinión. No gané, pero disfruté muchísimo finalmente conocer en persona a tantos otros bloggers. Aún estoy super orgullosa de haber sido nominada. ¡E intentaré llevarme un trofeo a casa el año que viene!
Volví a Croacia para finalizar el año con mi pareja (a quien a penas ví durante el 2021), para descansar después de un año lleno de viajes, y para ponerme al día escribiendo : )
Año 2022
En cuanto a los viajes, el año comenzó lento, pero empezó lleno de satisfacciones personales. Con mi pareja comenzamos a construir una casa hace un par de años, y a principios de 2022 finalmente pudimos mudarnos. Así que los primeros meses del año los pasamos disfrutando los frutos de nuestro trabajo, viviendo en el paraíso en la costa dálmata.
Pero llegó el momento de volver a viajar, así que reservé un ticket para regresar a mi país, Chile, para visitar a mi familia. Pasé unas semanas en Santiago y luego volé a Iquique. A partir de ahí comenzaría la aventura. Crucé por tierra a un país vecino que nunca había visitado antes: Bolivia. De Oruro fui a Uyuni, pasé unos días en haciendo 4×4 en el famoso Salar, y la hermosa Reserva Nacional Fauna Andina Eduardo Avaroa. Luego fui a Sucre, la desconocida pero muy bonita capital del país, seguido de otro largo viaje a Samaipata. Este es el punto de entrada al Parque Nacional Amboró, y el hogar de una viña de altura, la oferta turística emergente de Bolivia. Después de un par de días de beber y hacer trekking, me dirigí a Santa Cruz de la Sierra, donde esperaba visitar algunos otros parques nacionales en la región amazónica. Lamentablemente eso no fue posible. Me dijeron repetidamente que la región está controlada por narcos, por lo que no es seguro, ¡una pena!
Así que decidí explorar la región amazónica noroccidental en su lugar. La primera parada fue Trinidad, para visitar la Reserva Ecológica de Vida Silvestre Chuchini, donde se unen pampas (humedales) y selva. Vi delfines rosados, capibaras, perezosos, caimanes, monos y muchas aves, y me quedé con una familia encantadora. Ya estaba feliz de haber partido a la poco conocida región del Beni.
Luego fue otro largo viaje en busa Rurrenabaque, el punto de partida hacia el parque nacional Madidi. Esta parada fue un sueño que no sabía que tenía hecho realidad. La belleza intacta y salvaje de la selva en lo profundo del Madidi es inigualable. Tuve la suerte de encontrar una gran compañera de viaje y guías locales increíbles que nos llevaron a partes menos exploradas de la jungla y compartieron un poco de su estilo de vida con nosotras.
La siguiente parada fue La Paz. Sentí más adrenalina que nunca haciendo mountain bike en El Camino de la Muerte, hice trekking por las montañas alrededor de la ciudad, y pasé tiempo aprendiendo sobre las tradiciones y costumbres indígenas en El Mercado de las Brujas. Luego volví a ir hacia el norte, al valle de Sorata, para hacer más senderismo y disfrutar de las impresionantes vistas. El último destino en Bolivia fue el lago Titicaca. Después de una parada rápida en Copacabana, fui al tranquilo lado norte de la Isla del Sol, donde conocí a lugareños encantadores y logré desconectarme del mundo exterior durante unos días, y reflexionar sobre el hermoso mes y medio que pasé en el país.
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La última etapa del viaje sería un mes explorando el sur de Perú. La primera parada fue Puno, donde sufrí con la forma insostenible de hacer turismo en las Islas Flotantes de los Uros, y me sorprendí gratamente con el contraste del turismo bien hecho en la isla de Amantani.
Fui a Arequipa sin ninguna expectativa, pero encontré una bonita ciudad, en la que vale la pena pasar unos días. Pero el objetivo de la visita era embarcarme en una travesía sola haciendo trekking en el Cañón del Colca. Pasé 4 días subiendo y bajando, explorando las profundidades del cañón, descubriendo cuán fuerte puedo ser. Fue pura felicidad.
Me sentí tan empoderada que decidí que mi próxima parada sería full aventuras. Visité los sitios históricos, pero pasé la mayor parte de mi tiempo atreviéndome con experiencias increíbles en Cusco y el Valle Sagrado. Subí por vía ferrata al Sky Lodge, y bajé la montaña haciendo tirolesa; hice SkyBiking (bicicleta en el cielo?) y bajé en rappel por el acantilado; hice trekking durante 5 días a través del paso Salkantay a Machu Picchu, y caminé a más de 4000 metros de altitud para ver la Montaña Arcoíris. ¡Qué manera de terminar un viaje épico!
En el camino de regreso pasé un par de días en Cancún, México, y como mis vuelos me llevaban a través de Bélgica, decidí parar por unos días en Luxemburgo. Me alojó allí un lugareño muy agradable que se tomó el tiempo para mostrarme la ciudad de Luxemburgo y visitar el Castillo de Vianden, los imperdibles del Gran Ducado.
El 2022 fue el año en el que empecé a correr. Así que cuando volví a casa en Croacia en otoño, me mi atención centró en encontrar distintas carreras. Pasé de mis primeros 5k a mi primera media maratón. Como este es un país pequeño, las carreras me dieron una excusa para ir a diferentes partes del país. Así visité las islas de Lošinj y Cres, y las ciudades cercanas de Nin y Šibenik. También pude practicar mis nuevas habilidades de vía ferrata en la capital de la aventura de Croacia, Omiš.

A finales de octubre me invitaron a un viaje de prensa a Sicilia. Ha estado en mi bucket list desde siempre, y aunque he estado en Italia innumerables veces, nunca había ido al sur de Nápoles, así que partí a la hermosa Palermo. La oficina de turismo de Sicilia Occidental reunió a un lindo grupo de bloggers e hizo todo a su alcance para hacer de este viaje uno memorable. Y lo lograron, absolutamente. La calidez de la gente y la belleza de cada pequeño rincón de la isla es como sacado de un cuento de hadas. Probamos cuanto vino pudimos en diferentes ‘strade del vino‘; comimos deliciosas especialidades locales en los entornos más impresionantes; disfrutamos de la magia de pequeños pueblos como Trapani, Erice, Mazara del Vallo, Castellammare del Golfo y Salemi; aprendimos sobre historia y arte en Gibellina; e incluso pudimos tomar sol después de un paseo en bicicleta eléctrica en una preciosa playa en Favignana.
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Noviembre llegó con un hermoso reconocimiento. Fui nominada en las categorías de ‘mejor artículo responsable’ y ‘mejor artículo de opinión’ (¡por segundo año consecutivo!) en los Traverse Creator Awards. No pude viajar a Londres este año para el evento, ¡pero me desperté al día siguiente con la noticia de que había ganado! Estoy muy orgullosa y feliz, especialmente porque este artículo aborda un tema importantísimo : )
El último viaje del año dio término al 2022 en una maravilla invernal conocida como Tirol del Sur. Mi pareja y yo nos embarcamos en un viaje por carretera al norte de Italia, al resort de Kronplatz/Plan de Corones, para esquiar durante unos días y pasar las tardes en el mercado de navidad de la linda y pequeña ciudad de Bruneck/Brunico. ¡Un increíble final para un maravilloso año!
Año 2023
Durante el último viaje del 2022 sentí un bulto en un seno, por lo que el 2023 empezó con horas al médico. Y continuó con innumerables visitas al hospital. Me diagnosticaron cáncer de mama. Después de rondas de quimioterapia, radiación e inmunoterapia, y 2 cirugías, ¡estoy libre de cáncer! Pero te puedes imaginar que, en cuanto a viajes, el año no fue el más abundante…
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Pero se hizo algo. En enero, mientras esperábamos los resultados de la biopsia, mi pareja y yo nos arrancamos a esquiar unos días a Nassfeld, Austria. Y luego ya no me pude mover. Entre mi casa y el hospital transcurrieron el invierno y la primavera, pero en verano tuve fuerzas suficientes para disfrutar de Dalmacia. En septiembre decidí poner a prueba mis límites con un viaje para hacer trekking al Parque Nacional Sutjeska, en Bosnia y Herzegovina. Fue increíble conectar con la naturaleza, reconectarme conmigo misma, y pasar un tiempo con mi pareja lejos del caos que era vivir con cáncer. Después de días de senderos por Zelengora, Prijevor y Volujak, y de una escapada a través de la frontera con Montenegro hasta el lago Trnovačko, paseamos por Tjentište, Stolac y Kravice. Y el otoño volvió a centrarse en el cáncer.
Escribir era casi imposible con los incontables de efectos secundarios que me produjo mi tratamiento, pero a lo largo del año logré redactar un artículo que había estado investigando durante años, justo a tiempo para ser nominada como ‘mejor artículo responsable’ (¡por tercer año consecutivo!) en los Traverse Creator Awards. Aunque no gané, no podría estar más orgullosa de haber logrado escribir algo tan relevante mientras tenía quimio-cerebro.
Parece como si el año hubiera pasado en un abrir y cerrar de ojos y, al mismo tiempo, ridículamente lento. Viajé poco, pero estoy viva, ¡así que no tengo quejas!
Los primeros meses del 2024 se fusionaron con el 2023, con mi tiempo dividido entre casa y el hospital. Pero sabía que las visitas a oncología se espaciarían en el tiempo lo suficiente como para tener una vida entre ellas.
En marzo mi mamá vino a visitarnos por primera vez desde que me vine a vivir a Europa. Pasamos 2 meses juntas entre Dalmacia y el vecindario: en el norte de Italia fuimos a Venecia y las ciudades alpinas de Cortina d’Ampezzo y Misurina, mientras que en Bosnia y Herzegovina peregrinamos a Mostar, Blagaj y Međugorje. Recorrimos toda la costa croata, desde Dubrovnik hasta Istria. Y pasamon mucho tiempo finalmente poniéndose al día después de años sin vernos. Entre viaje y viaje, recibí mi última sesión de inmunoterapia. Oficialmente, mi tratamiento contra el cáncer terminó.
Mientras me secaba las lágrimas después de dejar a mamá en el aeropuerto en mayo, comencé a armar mi mochila. El primer viaje en solitario después del cáncer comenzó unos días después. Mi pareja estaba trabajando en Dinamarca, así que volé allí una semana para visitarlo, y aproveché para ver un poco del país. Una amiga danesa me mostró su hermosa Copenhague, y luego arrendé un uto y fui al sur hacer trekking en Møns Klint y luego al oeste a la isla de Fyn, donde visité Odense y conduje por los pequeños pueblos de Kerteminde, Viby y Munkebo, hasta Fyns Hoved. Luego regrese a Copenhague para abordar un avión a Beirut, la capital de El Líbano. ¡Por fin volvería a mi amado Medio Oriente!
Pasé unos días deambulando por Beirut, donde me hospedó un amigo, antes de subirme a un bus que me llevaría a través de la frontera a Siria. La situación en el país ha cambiado drásticamente desde que lo visité, pero entonces, bajo el régimen de al-Assad, viajar de forma independiente no era una opción, así que me uní a un grupo de experimentados viajeros y encantadores guías locales, y recorrimos tanto del país como el gobierno nos permitió. El viaje comenzó en los Altos del Golán, literalmente junto a la reja que hace de frontera con Israel, y nos llevó a Quneitra, la devastada capital regional, un lugar que pocas personas han podido visitar. Las siguientes paradas fueron la romana Bosra, el bastión cristiano de Ma’aloula, el impresionante castillo medieval de Krak des Chevalier, la rural de Rabah, la emblemática ciudad de Alepo, lo que queda del museo de mosaicos de Ma’arat al-Nu’man y las ruinas de Apamea. Tuvimos una parada rápida en los pequeños pueblos de Al-Mishtaya y Muhradah, seguida de una estancia un poco más larga en las ciudades de Hama y Homs. El viaje continuó a las famosas ruinas de Palmira y terminó en la ciudad capital de Damasco. Diez días intensos, repletos de gente amable, comidas deliciosas, innumerables conversaciones sobre política y más historia de la que mi cerebro puede almacenar.
Año 2024
Esa etapa del viaje terminó con un corto viaje en bus de regreso a El Líbano, donde me bajé en el valle de Bekka. Allí visité el enclave cristiano de Zahlé, la increíblemente bien conservada ciudad romana de Baalbek, la ciudadela de Anjar y fui a abrazar árboles a la Reserva Natural de Cedro de Shouf. Combiné el turismo con el enoturismo, deteniéndome en la hermosa boutique Château St. Thomas y en la bodega libanesa más antigua, Château Ksara. Las siguientes paradas fuerom el Palacio Otomano Beiteddine y lo que Lonely Planet denominó “el pueblo más encantador del Líbano”, Deir El Qamar. Hacia el norte del país, recorrí la impresionante Gruta de Jeita, la famosa ciudad de Biblos, la tranquila Batroun, la montañosa viña Ixsir y los Cedros del Dios Bsharri en el valle de Kadisha. Unos días más en Beirut pusieron punto final a la visita a un pequeño país que alberga mucho más de lo que los visitantes se imaginan.
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Un peculiar vuelo hacia el sur sobre el Mar Mediterráneo, alrededor de la península del Sinaí, y de regreso al norte sobre el Mar Rojo me llevó a Ammán, la capital de Jordania. Después de deambular por la “Ciudad Blanca”, fui hasta el sur del país, a bucear a Aqaba. Luego acampé unos días en el Wadi Rum de Lawrence de Arabia. El viaje continuó con mi cuarta “Siete Maravillas del Mundo”, Petra, donde pasé varios días caminando por la cordillera de Sharah admirando los vestigios de los nabateos. Luego fui a flotar en el Mar Muerto y a hacer trekking al Wadi Mujib. La última parada fue para explorar la ciudad romana de Gerasa.

Regresé a casa para comenzar a escribir rápidamente sobre este viaje, justo a tiempo para ser nominada (¡por cuarto año consecutivo!) a los Traverse Creator Awards por mi artículo sobre Siria bajo el régimen de al-Assad.
El resto del año fue un poco borroso. Cuando tuve un momento para meditar, finalmente sentí el peso de todo lo que viví en los últimos años. Me di cuenta de que necesitaba tiempo para procesar. Así que en lugar de viajar lejos, decidí centrarme en entrenar. Mezclé viajes cortos con carreras o trekkings –exactamente lo que mi alma necesitaba. Me rompí una costilla pero terminé mi primera Spartan Race en Sv. Nedilja, completé un trail run de 25 km en las indomables montañas bosnias en Čvrsnica, hice varias carreras de 5 km y 10 km más cerca de casa, hice varios senderos con amigos en Bosnia, y terminé el año con una media maratón en Šibenik. ¡Y compré un ticket para partir el 2025 visitando a mi familia y amigos en Chile!
Año 2025
Este año comenzó activo y al aire libre –corriendo, haciendo trekking, incluso hice mi primera escalada en roca. Y rápidamente llegó el momento de hacer el check in. Pasé la mayor parte de febrero y marzo en mi nativo Chile, poniéndome al día con familia y amigos en Santiago, Iquique, La Serena y Valdivia.
La primavera estuvo llena de pequeños viajes alrededor de Croacia: via ferratas, wild camping, una visita a Zagreb para hacerme un tatuaje. Después de muchos días de playa, cambié el sol de Dalmacia por uno mucho más tímido en Normandía. Esta visita a Francia tenía como objetivo pasar unos días con mi pareja mientras él trabajaba en Le Havre, pero pude incluir visitas a Mont Saint Michel, la playa de Omaha, Étretat y Honfleur, así como una corta parada en Paris. Cuendo regresamos fuimos con amigos a la isla de Biševo, uno de los secretos mejor guardados de Croacia. Y terminamos el verano en Bosnia y Herzegovina corriendo la Čvrsnica Ultra Trail.
El otoño trajo uno de los días más felices de mi vida. Mi pareja y yo decidimos casarnos como una forma de celebrar nuestro décimo aniversario. Mi hermana y mi hermana del alma pudieron viajar, y con ellas un puñado de nuestros familiares y amigos croatas nos acompañaron en el más hermoso de los días. Nuestro ‘camino al altar’ fueron las calles medievales de Trogir, y luego celebramos entre parras con el Mar Adriático de fondo en la Viña Kairos.
Después del matrimonio mi atención se centró en la primira visita a Europa de mi hermana (la luna de miel será en 2026, solo en caso de que te lo estuvieras preguntando). Visitamos la costa croata desde Šibenik a Dubrovnik, exploramos Mostar, Blagaj y Počitelj en la vecina Bosnia, y luego partimos por unas semanas a recorrer sus destinos soñados, de canales a bazares: Roma, Florencia y Venecia en Italia, Atenas en Grecia, y Estambúl en Turquía.
Recibí una nominación por «Mejor Artículo Responsable» en los Traverse Creator Awards (¡quinto año, aún no puedo creerlo!), pero no puede ir a Londres a celebrar. Al día siguiente recibí un mensaje contándome que gané. Estoy increíblemente orgullosa –este post fue particularmente difícil de escribir (puedes leerlo aquí).
Unas semanas después pude viajar a Reino Unido. Pasé unos días en los Cotswolds con mi hermana del alma, ya que el fin de semana del matrimonio pasó demasiado rápido para ponernos al día. Luego volé a Francia nuevamente para pasar unos días con mi marido mientras él trabajaba allí. Y –de nuevo– agregué una parada en Paris para visitar los Mercados de Navidad, y volví a casa para cerrar el año escribiendo.
→ Este es un viaje en desarrollo, así que seguiré sumando a este post al final de cada año. Asegúrate de volver para ver las actualizaciones : )
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