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Palmira es más que un sitio arqueológico, es un símbolo de la historia de Siria: una ciudad que prosperó gracias al comercio y la rebeldía. En su día un poderoso centro de la Ruta de la Seda, saltó a la fama bajo el reinado de la reina Zenobia antes de caer en manos de Roma, y siglos más tarde, en la devastación de la guerra moderna. Hoy en día, sus ruinas son tanto un tributo a su grandeza como un duro recordatorio de su destrucción. Caminar a través de sus vestigios es un viaje en el tiempo, uno que revela la resiliencia de un lugar atrapado entre imperios, conflictos y borrado cultural. Exploremos lo que es visitar Palmira ahora.
Guía de viaje a la emblemática ciudad desértica de Siria
Viajar en el tiempo a uno de los núcleos comerciales y culturales más importantes del mundo antiguo estaba super alto en mi bucket list. Palmira no solo fue una gran ciudad mercantil, sino que desafió el poder de Roma. Es el tipo de lugar tan icónico que, aunque sepas muy poco sobre Siria, Oriente Medio o la historia de la Ruta de la Seda, lo más probable es que hayas oído hablar de él.
Lamentablemente, ganó aún más popularidad en las noticias recientes, por las peores razones. En 2015, en el apogeo de la guerra siria, ISIS voló los dos templos principales y tres torres funerarias de Palmira. Aunque el gobierno recuperó el control de la zona, hasta el día de hoy hay pequeños espacios cercanos a las ruinas aún controlados por ISIS, lo que hace que el turismo sea particularmente desafiante.
Así que cuando recibí la opción de sumarme a un viaje a Siria que visitaría Palmira, no lo pensé ni por un segundo (escribí extensamente sobre el viaje y las capas de historia del país acá: Turismo en Siria: reflexiones al recorrer el país bajo el régimen de al-Assad).
Visitar Palmira: un viaje por el antiguo corazón de Siria
*Mi visita fue en junio de 2024, antes del derrocamiento del gobierno de al-Assad. Dejé el relato de este encabezado sin cambios para mantener una visión histórica de cómo fue visitar Palmira durante la dictadura. Como mencioné anteriormente, las condiciones para viajar por Siria han cambiado significativamente desde entonces. Si bien es posible viajar de forma independiente, recomiendo contratar un guía para Palmira. Sin la visión de un experto, es difícil comprender la importancia de lo que estás viendo. Un guía puede proporcionar un contexto histórico, explicar el impacto de la guerra y ayudarte a apreciar las ruinas más allá de los vestigios que se conservan.
“Tenemos que empezar el día lo más temprano posible para no hornearnos”, nos dijo nuestra guía. A pesar de que estamos a principios de junio, se espera que las temperaturas superen los 40°C/100°F al mediodía, por lo que el plan es visitar las ruinas –que no tienen sombra– antes de que el sol implacable nos cocine.
“5:30?” sugiero tímidamente. “6:30”, me dicen. No tiene sentido ir antes porque deben chequear la carretera en la mañana y, si llegamos antes, no podremos pasar.
Se me aprieta el estómago por un segundo, dejando volar mi imaginación sobre lo que podría suceder durante la noche en un camino hacia el desierto. Pero rápidamente me fuerzo a relajarme, sabiendo que habrá suficientes puntos de control para mantenernos a salvo. Encontramos 9 en el tramo de 165km/100mi de Homs a Palmira, y otros 15 en los 250km/155mi de Palmira a Damasco.
Y se tomaban el trabajo en serio. No estoy segura de exactamente qué era, pero se sentían más ominosos, tal vez más sombríos, de seguro estaban más armados que en el resto del país. Toda la ruta se vuelve más militarizada en cada milla. Trincheras, búnkeres, satélites, áreas de alambre de púas, absolutamente normales. Pasamos por delante de un tanque. De vez en cuando nos encontramos con una solitaria motocicleta, y con un pastor arreando a su rebaño. Luego, con otro puesto militar improvisado en una zona con un foso. Con más búnkeres. Y con más trincheras con ametralladoras. Incluso con uncastillo árabe del siglo XII ocupado/utilizado por el ejército ruso. Todos con soldados, listos para la acción.
Por primera vez en este viaje, ver fotos del clan al-Assad me hizo sentir algo de tranquilidad. El enemigo aquí no son los rebeldes sirios, sino una amenaza real y aterradora: ISIS. Y ellos están entre las últimas personas con las que me gustaría toparme.
Después de lo que pareció ser un camino interminable por el desierto, llegamos a un pequeño pueblo en escombros: Tadmor, más conocido por su nombre derivado del griego, Palmira.

Breve historia de Palmira: la joya del desierto en la Ruta de la Seda
La situación actual es terrible, pero la historia del lugar es fascinante. Así que comencemos nuestro relato allí, esclareciendo cómo Palmira es un microcosmos de la historia de Siria.
La historia de Palmira es una de resiliencia, adaptación y luchas de poder, al igual que la propia Siria. Elevándose desde el corazón del desierto, se convirtió en un importante núcleo comercial, uniendo los mundos romano y persa, pero manteniendo una identidad ferozmente independiente.
Los orígenes de la ciudad se remontan al menos al segundo milenio a.C., cuando era un pequeño asentamiento oasis conocido como Tadmor. Su ubicación lo convirtió en una parada crucial para las caravanas que viajaban entre el Mediterráneo y Mesopotamia, trayendo inmensas riquezas e intercambios culturales. En el siglo I d.C., Palmira se había transformado en una floreciente ciudad bajo el dominio romano, mezclando influencias grecorromanas, persas y semíticas locales.
La edad de oro de Palmira llegó en el siglo III d.C. bajo la reina Zenobia, una de las líderes más fascinantes y ambiciosas de la historia. Después de que su esposo, el rey Odenato, fuera asesinado, Zenobia tomó el control y lanzó una audaz campaña expansionista. Declaró la independencia de Palmira de Roma y extendió profundamente su influencia en Egipto y Anatolia, desafiando al imperio. Sin embargo, su reinado duró poco: en el año 272 d.C., el emperador Aureliano abatió su rebelión, la tomó prisionera y redujo Palmira a un puesto de avanzada provincial. A lo largo de los siglos, Palmira siguió siendo una ciudad importante pero disminuida, cayendo bajo el control bizantino, árabe y otomano. Aunque nunca recuperó su antigua grandeza, sus ruinas fueron un testimonio de su pasado histórico. Esta mezcla de prosperidad, conquista y supervivencia hace eco con la historia de Siria, una tierra en una encrucijada de civilizaciones, a menudo atrapada entre imperios, pero que mantiene su distintiva identidad.

Palmira en guerra: destrucción, ocupación de ISIS, borrado cultural y recuperación
Palmira se convirtió en un campo de batalla durante la guerra civil siria, sufriendo una inmensa destrucción a manos de ambas facciones en guerra, además de actos deliberados de borrado cultural por parte de ISIS. El sitio fue capturado por primera vez por el grupo terrorista en mayo de 2015, marcando el comienzo de uno de los capítulos más oscuros de su historia.
Bajo el control de ISIS, Palmira pasó de ser un célebre sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO a un escenario para ejecuciones y propaganda. El grupo llevó a cabo asesinatos de alto perfil dentro de las ruinas, sobre todo la ejecución de Khaled al-Asaad, un arqueólogo sirio de 82 años que había dedicado su vida a la preservación de Palmira. En un esfuerzo por borrar los legados históricos que consideraban antiislámicos, ISIS destruyó sistemáticamente monumentos clave, como el Templo de Bel, el Arco del Triunfo y el Templo de Baalshamin. La destrucción no solo fue simbólica, sino también financiera, ya que ISIS se benefició de la venta de artefactos saqueados en el mercado negro.
«Brigadas con banderas negras comenzaron a entrar en Siria, llenando el vacío y aprovechándose de la inercia internacional y el desorden de la oposición» – Diana Darke en ‘My House in Damascus: An Inside View of the Syrian Crisis’.
El gobierno sirio, respaldado por la fuerza aérea rusa, lanzó una ofensiva para retomar Palmira en marzo de 2016. Sin embargo, ISIS recapturó la ciudad en diciembre de ese mismo año antes de ser finalmente expulsado en marzo de 2017. Cada ronda de combates causó más devastación, y tanto ISIS como las fuerzas pro-Assad contribuyeron a la destrucción a través de bombardeos y operaciones militares.
Dada la magnitud de los daños, la UNESCO añadió a Palmira a su Lista del Patrimonio Mundial en Peligro, citando el saqueo generalizado, el ataque deliberado contra sus estructuras más importantes y la inestabilidad general de la región. Incluso después de que ISIS fue expulsado, persistieron las preocupaciones sobre las continuas amenazas del conflicto y la viabilidad a largo plazo de restaurar el sitio.
Palmira bajo al-Assad: restauración y propaganda
Cuando el gobierno sirio recuperó el control total de Palmira en 2017, el sitio quedó en ruinas. Los ejércitos sirio y ruso utilizaron la victoria como una herramienta de propaganda, presentándose a sí mismos como los salvadores del patrimonio cultural, a pesar del daño significativo infligido por sus propios ataques aéreos y artillería durante la batalla.
En los años que siguieron, los esfuerzos de restauración fueron lentos y con un tinte político. Los expertos rusos tomaron las riendas en algunas iniciativas de preservación, incluidos los planes para reconstruir los monumentos destruidos. Sin embargo, los limitados recursos del gobierno sirio, la continua inestabilidad en la región y la negativa internacional a cooperar con el régimen de al-Assad obstaculizaron los esfuerzos de restauración a gran escala.

Por qué Palmira sigue siendo importante: geopolítica y luchas de poder
La importancia estratégica de Palmira no es un fenómeno nuevo –ha sido una encrucijada vital durante milenios. Situada en el corazón del desierto sirio, históricamente ha sido un importante núcleo comercial entre el Mediterráneo y el Golfo Pérsico. Su ubicación la convirtió en una ciudad poderosa durante el Imperio Romano y más tarde en un premio disputado por las sucesivas potencias regionales.
En el contexto de la geopolítica moderna, la posición de Palmira sigue desempeñando un papel importante en luchas territoriales. La ciudad se encuentra cerca del valle del río Éufrates, una región de inmensa importancia estratégica debido a su proximidad a las principales rutas de suministro y campos petrolíferos. Durante la guerra, la batalla por el control de Palmira no se limitó al simbolismo o al patrimonio, sino que se trató de asegurar un corredor crucial entre Damasco y Deir ez-Zor.
Al este de Palmira, los movimientos separatistas, en particular los vinculados a facciones kurdas y grupos tribales árabes, han buscado una mayor autonomía del gobierno sirio. Si bien estos grupos operan principalmente más al este, en áreas como Deir ez-Zor y Hasakah, su proximidad subraya la fragmentación en Siria.
Explorando Palmira: lo que queda de la Gran Ciudad
Entrar en Palmira hoy es como cruzar un umbral en el que se puede visualizar su antiguo esplendor. Las ruinas de piedra caliza dorada aún brillan bajo el sol del desierto, pero muchas de las estructuras que una vez hicieron legendaria a esta ciudad ahora solo existen en la memoria y en fragmentos dispersos. Afortunadamente, nuestra ingeniosa guía trajo fotos y las mostró desde la perspectiva en la que fueron tomadas –ni siquiera cerca de haber estado allí antes de ISIS, pero una ayuda grande para usar nuestra imaginación.
Visitar Palmira es una lección de humildad. Incluso el más grande de los imperios termina en escombros. No importa cuán grandes hayan sido los monarcas, o cuán poderoso fuera su reino, cuánta riqueza tuviera o cuán relevante fuera, ninguno ha sido capaz de resistir el paso del tiempo.
Ahora con una mejor comprensión de la historia y la política, recorramos lo que se conserva de esta legendaria ciudad.
La Gran Columnata: un paseo en el tiempo
El recorrido comienza a lo largo de la Gran Columnata, una magnífica avenida que se extiende por más de un kilómetro (casi una milla) a través del corazón de la ciudad. Algunas columnas siguen en pie desafiantes, con sus superficies desgastadas susurrando historias de comerciantes, sacerdotes y guerreros que una vez pasaron por debajo de ellas. Otras yacen derribadas, víctimas tanto del tiempo como de la guerra. La columnata era la piedra angular de Palmira, conectando sus estructuras más importantes, e incluso en su estado ruinoso, da una idea de la vasta escala de la ciudad.

El Templo de Bel: un espacio sagrado perdido por el extremismo
Al final de la columnata se encontraba el Templo de Bel, la estructura más sagrada e imponente de Palmira. Dedicado al dios mesopotámico Bel, este templo fue una obra maestra arquitectónica, que mezcló influencias grecorromanas, persas y locales. Permaneció en pie durante casi 2000 años, hasta 2015, cuando los militantes de ISIS lo redujeron a escombros en un acto deliberado de borrado cultural. Hoy en día, solo quedan partes de sus enormes muros exteriores, la ausencia del templo es más poderosa que cualquier estructura en pie. Caminando a través de los restos, casi se pueden escuchar los ecos de las antiguas oraciones que una vez llenaron este espacio, ahora silenciadas por la destrucción.


El Arco del Triunfo: fragmentos de gloria
Un corto paseo desde el templo te lleva a lo que queda del Arco del Triunfo. Esta puerta de entrada intrincadamente tallada fue uno de los monumentos más fotografiados de Palmira, un símbolo de la prosperidad de la ciudad bajo el dominio romano. ISIS lo hizo estallar, pero algunos de sus elementos han sido recuperados y están a la espera de los esfuerzos de reconstrucción. Incluso en ruinas, los restos del arco se erigen como un recordatorio tanto de las alturas que alcanzó Palmira como de las profundidades a las que fue arrastrada.

El teatro: escenario de la tragedia
El teatro romano de Palmira, una estructura semicircular bellamente conservada, albergó una vez actuaciones para miles de personas. En una grotesca perversión de su propósito, ISIS lo utilizó como escenario para ejecuciones, convirtiendo un lugar de arte en un telón de fondo para el horror. El teatro sigue en pie, pero su historia reciente proyecta una larga sombra sobre sus piedras.
Escondida en una de sus esquinas estaba Damasco, una niña beduina, bautizada por su padre en honor a su país, jugando, sin tener idea de todo lo que ha pasado en el lugar. Él estaba un poco más lejos, preparando café para dar la bienvenida a los pocos turistas que traía esa mañana, con la esperanza de vender algunos souvenirs. Durante un minuto me concentré en tomar fotos de la pequeña, quien sonrió felizmente al ver los resultados. Fue un muy apreciado momento dulce en medio de lo fuerte del día.


Las Torres Funerarias: huellas de elegancia, cicatrices de guerra
Lejos de las ruinas principales de la ciudad, dispersas por las colinas del desierto, se alzaban las famosas torres funerarias de Palmira, altas tumbas de varios pisos donde descansaba la élite de la ciudad. Estas torres eran únicas en el mundo antiguo, adornadas con elaboradas tallas e intrincadas cámaras funerarias. ISIS, viéndolas como idólatras, las dinamitó.
Dentro de las tumbas subterráneas, la destrucción fue aún más desgarradora. Las paredes que alguna vez fueron adornadas con pinturas vibrantes fueron toscamente pintadas de blanco. Las estatuas de los difuntos, cuidadosamente esculpidas para honrarlos en el más allá, fueron decapitadas. Entre los escombros, un escalofriante mensaje escrito a mano por ISIS permanece en una de las paredes: “Hermanos combatientes, ayuden a sus hermanos limpiando después de comer”.
El contraste es escalofriante. Un lugar que una vez estuvo destinado a honrar a los muertos, creado con habilidad y reverencia, fue reducido al terror y utilizado para los propósitos más mundanos. El imperio más grande de su tiempo no sucumbió a una civilización rival, sino a una brutalidad sin sentido.



El futuro de Palmira: restauración y turismo
A pesar de la devastación, Palmira sigue en pie. Ha habido algunos limitados esfuerzos de conservación, pero la reconstrucción a gran escala sigue siendo incierta, obstaculizada por la inestabilidad política y las limitaciones financieras. Sin embargo, más que los esfuerzos arqueológicos, es el regreso de los visitantes lo que podría devolver la vida al sitio que incluso en ruinas es interesantísimo.
Antes de la guerra, las ruinas de Palmira atraían a miles de turistas, sustentando una vibrante economía local. Los hoteles, restaurantes y pequeños negocios que alguna vez florecieron alrededor del sitio –ahora solo una literal cáscara de lo que fueron– todavía están esperando el regreso de los viajeros. Para la comunidad local, la restauración no se trata solo de recuperar su patrimonio, sino de recuperar su fuente de ingresos. Sin turismo, tanto las ruinas como las personas que dependen de ellas se enfrentan a un futuro incierto.
Visitar Palmira hoy en día es más que un interés por la arqueología. Es un acto de apoyo. Cada viajero que camina por sus calles, aprende su historia y comparte sus vivencias ayuda a que Palmira no se desvanezca en el olvido. Al final, su supervivencia depende no solo de los esfuerzos de restauración, sino de que el mundo recuerde porqué es importante.

Preguntas frecuentes
Las condiciones de viaje en Siria han cambiado drásticamente desde el derrocamiento del gobierno de al-Assad, pero el país se encuentra en un período de transición, por lo que aún se recomienda ejercer precaución. Si bien viajar de forma independiente está permitido, es mejor consultar las últimas directrices gubernamentales y sugeriría considerar contratar un guía para visitar Palmira.
Las regulaciones de viaje en Siria pueden cambiar en cualquier momento. Previamente se requerían permisos y una autorización de seguridad para visitar Palmira. Actualmente no hay requerimientos de ningún tipo. Aun así, lo mejor es consultar las directrices gubernamentales o preguntar a un guía local sobre los requisitos más recientes.
Muchos de los monumentos más emblemáticos de Palmira, como el Templo de Bel y el Arco del Triunfo, fueron destruidos durante la ocupación de ISIS. Sin embargo, estructuras clave como la Gran Columnata y el teatro siguen en pie, ofreciendo una visión de la antigua grandeza de la ciudad.
Palmira se encuentra en el centro de Siria, a unos 215km/134mi al noreste de Damasco. Debido a los continuos riesgos y a la limitada infraestructura, se recomienda ir con un guía turístico en lugar de viajar de forma independiente. Dicho esto, hay minibuses tanto desde Homs como desde Damasco en dirección a Deir ez-Zor que te dejarán en la autopista, desde donde puedes caminar o tomar una moto hasta las ruinas.
Hay discusiones sobre la restauración de Palmira, especialmente dado su estatus de Patrimonio de la UNESCO. Se han iniciado algunos esfuerzos de conservación, pero la reconstrucción a gran escala sigue siendo incierta debido a los desafíos políticos y financieros.
Palmira es una ciudad que se niega a ser olvidada. Es un lugar de esplendor y declive de civilizaciones, donde el patrimonio cultural fue casi borrado, pero donde la historia no pudo ser silenciada. Aunque se encuentra en gran parte en ruinas, su espíritu perdura en las historias de comerciantes y gobernantes que una vez prosperaron en sus tierras. La destrucción a la que se enfrentó es irreversible, pero su legado sigue cautivando a quienes la visitan y conocen su historia. Sin embargo, la medida en que se pueda preservar su pasado dependerá de los esfuerzos continuos para restaurar el sitio y reactivar el turismo.
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